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¿Qué fue lo más impresionante de esta barrida de los Warriors a los Blazers en la final del siempre candente Oeste en la NBA? Sin duda, la forma como, con tres resurgimientos de ribetes espectaculares, quemaron las esperanzas del equipo de Portland, convirtiendo en cenizas sus pretensiones de impactar, golpeando en la mandíbula a un Goliat amputado… Perder a DeMarcus Coussins tan anticipadamente, abrió una grieta entre los Warriors, pero sin crear preocupaciones; quedarse sin el aporte de Kevin Durant cuando estaba haciendo estragos en la postemporada, debería haber provocado un peligroso desangre y no fue así; agregar para el juego 4 contra los Blazers la ausencia de ese sexto hombre tan importante como es André Iguodala, llevaba al extremo las exigencias. Difícilmente, casi improbable, puedes sobrevivir a la pérdida de tres pilares tan necesarios para sostener las posibilidades de ganar, pero eso es lo que hicieron estos Warriors impulsados por la versatilidad y efectividad de Curry, la multiplicación de esfuerzos del inagotable Draymond Green, la agresividad del tirador largo Klay Thompson, y lo que hizo el joven Kevon Looney.

Alarde de recuperación

En la primera serie frente a los Clippers, estos Warriors con sus cinco All Stars en la cancha, fueron humillados en el juego 2, al ver desvanecerse insólitamente una ventaja de 31 puntos para caer 135-131 consecuencia de una brutal arremetida de 85 puntos por parte del equipo de Los Ángeles en la segunda mitad. El mundo del baloncesto no lo podía creer. Quizás la más asombrosa victoria de un equipo número 8, contra el número 1, en la historia de los Play Offs… Sin embargo, después de neutralizar a los Clippers 4-2 y eliminar a los temibles Rockets 4-2, los Warriors, sin Coussins y sin Durant, enfrentaron a los briosos Blazers, que habían saltado sobre el Thunder de Oklahoma y los Nuggets de Denver. Eran favoritos pese a los inconvenientes, pero no para barrer. Se adelantaron con una victoria 116-94 que se suponía les inyectaba confianza, pero tuvieron que escarbar profundo en sus reservas de experiencia, coraje y capacidad de resurgimiento, para borrar desventajas de 15 puntos en el juego 2, de 13 en el siguiente, y de 17 en el cuarto duelo, con 1.55 minutos pendientes del tercer período. Sin duda un alarde, y al mismo tiempo una advertencia.

La intriga danzando

El cierre del juego fue tan electrizante como el visto con los ojos agrandados y el sufrimiento cabalgando en el número 2. Los Warriors se revitalizaron con una arremetida de 9 puntos para recortar la distancia de 78-95 a 87-95 antes de la última pausa. Ahora la diferencia era de 8 puntos con 12 minutos pendientes. Entrando al laberinto de los últimos instantes, Green en la continuación de otra noche colosal, adelanta a los Warriors 108-106. Un triple de Lillard y dos puntos de un inspirado Meyers Leonard, coloca a los Blazers en ventaja 111-108, un momento apropiado para el triple nivelador de Thompson 111-111 faltando minuto 48 segundos. Curry y Lillard fallaron triples, Curry acertó uno que parecía matador, pero caminó con la pelota y fue anulado, y en el tiempo extra, con parcial diente por diente, 8-6, triunfó el equipo de Golden State con sus pulmones por reventar. Curry con 33 puntos, 13 rebotes y 11 asistencias, y Green con 18-14-11, otro triple doble, hicieron posible la tercera remontada de los Warriors 119-117, en ruta hacia su quinta final seguida.