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Ahí estaba el equipo pinolero en el estadio de San Juan frente al de Argentina, como Héctor ante Aquiles, sin posibilidad de una proeza o como los espartanos de Leónidas en las Termópilas, sin pretender sobrevivir, pero disfrutando de la notoriedad casi mundial que facilitaba ese partido histórico entre dos fuerzas desproporcionadas, los que saben y los que están aprendiendo…No dudo que el técnico costarricense Henry Duarte siempre estuvo claro de eso.

Nos supera en conocimientos y es más vivo que cualquiera de los que opinamos, así que mientras se sentía como Robinson Crusoe en la soledad de aquella isla, considerando tolerable el 5-0 en la pizarra, debe haber saltado estimulado por el penal que Juan Barrera ejecutó con frialdad, potencia y precisión en el minuto 90, evitando el cero que parecía ser una condena previa desde el estudio del paralelogramo de opciones. Hacer un gol, aún consecuencia de ese casual rebote en el brazo de Otamendi durante la excelente entrada a fondo de Armando Goufas por la derecha, tuvo para nosotros, mucho significado.

Selección Nacional de Nicaragua. Archivo/AFP/END

Mucha comodidad

No me gustó el accionar de Argentina, pese a mostrar en cada instante su clara superioridad en manejo y proyecciones, algo previsto en todos los cálculos. Igual que Francia frente a Bolivia hace unos días, el equipo de Messi dispuso de suficientes espacios para una circulación tranquila, una ventaja que desaparecerá en la Copa América frente a mayores exigencias. Sacaron provecho los hombres de Scaloni para utilizar la velocidad como diferenciador en las pocas coberturas retrocediendo y en los desbordes, en tanto, Lo Celso le avisaba a Messi, que puede contar con un socio apropiado.

El problema de las consideraciones es que con excepción de Bolivia, quien estará en otro grupo, ninguno de los otros 10 equipos de la Copa América ofrecerá a los argentinos las facilidades que le proporcionó Nicaragua, moviéndose sin balón y con pocas ideas ofensivas. Otro detalle, aún ejerciendo control, Argentina estuvo jugando hacia atrás constantemente en forma innecesaria. Tanto que el arquero Armani tuvo más tiempo el balón que el Kun Agüero.

Selección Nacional de Argentina. Archivo/AFP/END

Lo mejor se vio atrás

Vamos al otro lado de la acera: la Copa de Oro. Se dice que el equipo tico que será visto en este torneo, no tiene nada que ver con el admirable del 2014, ni siquiera con el de 2018. En consecuencia, ese entrenamiento de 90 minutos con poco manejo de balón y limitadas proyecciones ofensivas frente a los argentinos, no le será útil a Nicaragua, aunque sí la resistencia de la defensa, con Copete y Montenegro como pilares, que atravesó por una prueba de suficiencia muy llamativa.

Lo mejor lo tenemos atrás sin un Mayorga o un “Pulpo” en la cabaña…Cuando se recomienda que la selección debería enfrentarse a un rival parecido a Bermudas y Haití, se trata de algo necesario que permitirá calibrar adecuadamente nuestras posibilidades, un diagnóstico que Argentina dejó pendiente. El encuentro histórico para Nicaragua por codearse con uno de los grandes, no resultó de provecho para ninguno de los equipos, de cara a sus compromisos en Copa América y Copa Oro. El lucimiento argentino fue engañoso. Ya veremos a los de Scaloni frente a retos de verdad.