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Mientras José Alfaro se dirigía al cuadrilátero, muy lejos de ahí, su mamá, Zeneida Gazo, unía sus manos y comenzaba una plegaria que duraría el tiempo requerido para que su hijo saliera con los brazos en alto.

No importaba el tiempo ni la distancia. Mientras Alfaro intentaba mantener un ritmo sostenido de combate para ganar el cetro mundial, doña Zeneida también se mantenía con ese ritmo de oraciones, para que sus plegaria fueran escuchadas y así la hazaña fuera alcanzada.

Lucía inmóvil ante la televisión, mientras que su esposo, Fernando Alfaro le decía: “Ya, calmate. Estamos bien. Vamos ganando”.

Ella siempre mantuvo sus oraciones para su hijo. No había manera de romper su concentración, y fue luego de 12 episodios, cuando con el estallido de júbilo de su hijo al darse cuenta que era Campeón del Mundo, ella también reaccionó con una ligera sonrisa, mientras lágrimas se deslizaban por su mejillas de felicidad.

“Ese fue un momento inolvidable. Y aún lo estoy disfrutando”, dijo la mamá de Alfaro. “No sabe los sacrificios que pasamos toda la familia para llegar a esto. Pero Dios ha sido bueno con nosotros, y nos ha dado el mejor regalo de año nuevo, coronar el sueño de mi hijo”.

En medio de una montaña de adversidades, en las que aparecían opiniones en contra, comentarios difíciles, mucha incredulidad hacia José Alfaro, el joven gladiador encontró en su familia la “cama” donde reposar y mantener vivo el sueño de llegar a convertirse en Campeón del Mundo.

“Él nunca lució pesimista y eso nos contagió a todos. Yo era una de las que más confié en que él sería Campeón del Mundo. Me siento muy orgullosa de la persona que es”, añadió.

Como la mayoría de los boxeadores, Alfaro creció bajo en medio de una familia muy humilde pero de buenos principios. Desde niño aprendió que las cosas cuentan ganarlas, y así fue como se creó un carácter fuerte e inquebrantable ante las adversidades de la vida.

“Somos pobres, pero gracias a Dios, le hemos dado a nuestra familia la educación y le hemos enseñado a respetar a los demás”, apuntó la mamá del nuevo Campeón.

Y el orgullo de ella por Alfaro y sus otras dos hermanas está reflejado a través de esas palabras: “Al menos sabemos que tenemos una familia de buenas costumbres. Mi esposo y yo siempre cuidamos a los niños de los vicios y en medio de lo difícil que fue para José estudiar, lo apoyamos en todo lo que fue el boxeo, porque sabíamos de su disciplina”, añadió.

La humilde casa de los padres del “Quiebra Jícara” estuvo muy visitada. Fue un fin de semana para recordarlo toda una vida. Fiesta, abrazos, felicitaciones y un momento con la historia, un toque con la inmortalidad vivió la familia “Alfaro-Gazo”.

“Él ya llegó a ser Campeón del Mundo, ahora vamos a instarlo a que se mantenga. Tengo fe en que por la disciplina de mi hijo estará arriba en el boxeo por mucho tiempo, y nos sentimos muy orgulloso, no sólo por el Campeón que es, sino por el ser humano que hemos criado mi esposo y yo”, acotó doña Zeneida.