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Lo lamento. Me informa desde Panamá el colega Nicolás Espinoza del fallecimiento de Harmodio Icaza, quien fue muy útil para que Alexis Argüello, después de perder con Ernesto “Ñato” Marcelm, el 16 de febrero de 1974, se proyectara rápidamente hacia una nueva pelea de campeonato pluma, retando a Rubén Olivares…Un hombre sin edad, Harmodio entró al equipo de Alexis por una maniobra precisa y oportuna realizada por el doctor Eduardo Román, quien combinaba sus trabajos con el manejo del púgil. “Fue una buena inversión”, apuntaba Román, cuando finalmente Harmodio se desvinculó del “Flaco Explosivo”. Recuerdo que semanas antes de la pelea con “El Ñato” Marcel en Panamá, Harmodio, hombre de boxeo con vastos conocimientos y una astucia bien cultivada, me dijo con una seguridad llamativa: “Alexis no podrá ganarle a Marcel. Todavía está verde. Necesita ser sometido a un verdadero pulimento. Eso sí, llegará a ser un gran campeón”…Este mismo hombre, que festejó tan ruidosamente el triunfo de Marcel y con quien sostuve una fuerte amistad hasta que lo perdí de vista y no volvimos a encontrarnos, se convirtió en firme creyente de Alexis.

Solo le faltó pelear. Con estupendos contactos en las altas esferas de la AMB, léase Elías Córdoba y Rodrigo Sánchez, ambos fallecidos, Harmodio fue seleccionado por Román como el garante de los enlaces requeridos, a cambio del 10% de las bolsas del pinolero mientras sujetara el título Pluma, en caso de coronarse contra el vencedor de Olivares-Utagawa… Fue entonces que se contrató a Ramón “El Curro” Dossman como adiestrador y jefe del equipo de trabajo. Icaza fue un observador de todos los detalles. No perdía de vista lo que hacía Luis Cortés en el trabajo del vendaje, ni lo que realizaba “El Curro” en el gimnasio, ni la entrega de Argüello, y aseguraba la conexión constante con Román, estableciendo una relación de absoluta confianza…Después de atravesar por todas las peleas de preparación, incluyendo la de Haffey, llegó el momento crucial en Los Ángeles. Por la preocupación y excesivo cuido de Harmodio, daba la impresión que era él quien pelearía. Su estallido de júbilo, quebrando la frialdad que siempre lo cobijó cuando Olivares es noqueado, graficó como sus emociones alcanzaron un punto de ebullición.

Gruesa Franqueza. Harmodio era además un hombre culto. Una rareza en el boxeo. No por la multiplicidad de maniobras debajo de la mesa y las guerras sucias, sino por concentrar el tiempo en negociaciones necesitadas de ser puestas en marcha contra reloj…Harmodio fue un maestro de los acercamientos con todos los protagonistas, y eso le proporcionó seguridad mientras se ganaba la confianza. Tenía una virtud que fue apreciada hasta para quienes lo adversaban y era su franqueza. No era un hombre de ocultamientos. Su manera de ser se lo exigía, incluso, manejando en Panamá un programa de corte político. No sé cuántos campeones mundiales llegó a tener, pero su admiración por Alexis Argüello saltó siempre al tapete, a la vista de todos, así como su relación de amistad con Eduardo Román. Formaron una dupla muy eficiente. “No lo puedo creer. No tiene sentido. Es algo absurdo”, exclamó cuando fue informado de la muerte del gran peleador pinolero. Su utilidad en el equipo de “El Flaco” fue indiscutida.