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Sin necesitar de Lionel Messi como factor desequilibrante, Argentina mostró mejoría en su juego aunque sin llegar a impresionar, y las atajadas del arquero Armani de River Plate sobre entradas a fondo de Roldan y Hernández, permitieron agigantar los goles marcados por Lautaro y LoCelso en los minutos 9 y 73, que establecieron la diferencia de 2-0, en lo que fue un resurgir de esperanzas para el equipo gaucho, que volvió a contar con la agitación incansable del Kun Agüero en la línea de fuego. El taconazo magistral de Lautaro que pasó entre las piernas del sorprendido arquero Wilker Fariñez, y el remate de LoCelso a quemarropa en el área chica, fueron prolongaciones del cañoneo del Kun desde la derecha y desde el centro.

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En el primer caso, Messi en la esquina izquierda, envió un trazo largo que no pudo golpear un defensa, y el Kun remató rasante con el balón buscando el centro del área. Ahí estaba Lautaro entre dos defensas, utilizando el único recurso viable, el preciso taconazo de derecha que nadie esperaba adelantando muy temprano al equipo gaucho 1-0.

El combinado argentino lució mejor que como lo hizo en la primera etapa. AFP/END

No hay nada más saludable que cabalgar sobre una ventaja, aún mínima, y Argentina logró tomar los hilos la mayor parte del tiempo, expuesta siempre a las peligrosas contras de Venezuela. La entrada de Hernández por la derecha, elevándose para rematar frente a Armani, paralizó los corazones de toda Argentina, pero el arquero de River, ahora inyectado de confianza, reaccionó con vivísimos reflejos y conjuró el peligro.

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En el segundo caso, fue el Kun en el minuto 73 quien cañoneó con la intención de meter al arquero Fariñez con toda y bola, quien solo pudo rechazar hacia delante y a su izquierda. Fue un filete con postre incluido para LoCelso, quien marcó el segundo, obligando a la intriga a salir del Estadio en busca de una hamaca.

Sergio Agüero fue pieza clave en el accionar de la selección albiceleste. AFP/END

El 2-0 a esa altura, era demasiada carga para Venezuela, y Argentina no soltó el preciado botín, dejando una mejor impresión que en sus tres juegos anteriores, pero todavía pendiente de ver lo mejor de Messi, reducido a funcionar como enganche y tomar pelotas para asegurar proyecciones pero sin la incidencia que se le conoce, pisando poco el área.

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