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Cuando Keneth Quintanilla y Róger Leytón despertaron el 3 de julio, eran exactamente los mismos adolescentes de siempre: amantes del beisbol, de la música y de los videojuegos, pero con 60,000 y 210,000 dólares en sus cuentas bancarias, respectivamente.

Leytón, un jardinero central, y Quintanilla, una joya del picheo, firmaron el pasado 2 de julio sus contratos profesionales de beisbol por sumas gigantescas para el nicaragüense común, aunque para ellos el dinero es lo de menos.

Quintanilla y Leytón, ambos de 16 años, originarios de Managua y de 1.85 metros de estatura, pasaron los últimos dos años bajo un estricto régimen de disciplina que los obligó a separarse de sus familias, quedarse sin tiempo para recrearse y sin permiso para tener novias.

Para poner sus firmas en los documentos legales pasaron dos años entrenando, al menos 6 horas al día.

Para ellos, el sacrificio tenía un motivo claro: firmar para una franquicia de la Major League Baseball (MLB) y luego llegar a las Grandes Ligas.

“Es un trajín muy duro y costoso… Ha sido terrible”, menciona Róger Leytón, al recordar los esfuerzos que hizo antes de que los Reales de Kansas City lo firmaran por 210,000 dólares.

Luis Ortiz, scout panameño de la organización de los Reales de Kansas City, considera a Róger Leytón como el mejor jardinero central adolescente en toda Centroamérica.

Leytón cuenta que juega beisbol desde los 6 años. Desde entonces ha dividido su tiempo entre los estudios y el deporte, teniendo ambas cosas como prioridad y dejando los típicos pasatiempos de un niño en un tercer plano.

Por su parte, Keneth Quintanilla, lanzador derecho, a quien los Piratas de Pittsburgh firmaron por 60,000 dólares, relata que su vida es muy similar a la de Leytón, pues desde niño le dedica mucho tiempo al beisbol.

“Antes de entrar a la academia iba a clases en la mañana, llegaba a la casa a la 1:00 de la tarde, luego iba a entrenar y en la noche llegaba un poco agotado a hacer mis tareas, luego a descansar”, relata Quintanilla, el adolescente nacido en el Reparto Schick, en Managua.

Vidas cruzadas

Los caminos de Róger Leytón y Keneth Quintanilla están ligados desde que ambos tenían 6 años, cuando se conocieron en la colonia 14 de Septiembre, donde eran compañeros de equipo.

Ocho años después, la vida los unió de nuevo, cuando firmaron el mismo día sus contratos con equipos de Grandes Ligas. Ese día sus sonrisas eran enormes.

Ahora, el reto de ambos adolescentes es llegar a las Grandes Ligas, algo que solo 16 nicaragüenses han logrado.

“Comencé a entrenar a los 6 años porque yo jugaba siempre en la calle, el beisbol era mi pasión. Una vez hablé con mi abuelo y le dije: ‘abuelo, necesito ir a entrenar, necesito que me llevés a un campo que vos conozcás’ y así fue como inicié a jugar de verdad y a escalar categorías”, dice Leytón.

Quintanilla no se queda atrás. Presume que, con 16 años, sus rectas alcanzan una velocidad sostenida de 89-90 millas por hora. Cortesía/END

Por su parte, Quintanilla relata que empezó a jugar “desde que estaba pequeño”.

“Mi papá jugaba y yo iba a los campos con él, le agarraba el guante y allí andaba de arriba para abajo jugando con los demás niños”, explica.

El otro reto de los pequeños es que siempre deben tener buenas calificaciones escolares, porque es un requisito para continuar preparándose.

Ambos peloteros cursan quinto año de secundaria en un colegio de Managua.

“A veces entrenábamos a las 5:00 de la mañana durante hora y media, luego me iba a bañar y así, rendido, iba a clases. En la tarde venía a almorzar, después practicaba bateo, luego hacía ejercicios físicos, volvía a batear y me iba al gimnasio. A veces, cuando regresaba, volvía a batear de nuevo, luego tenía que hacer tareas”, cuenta Leytón, sobre un día normal en la academia.

Producto de los entrenamientos físicos, ambos peloteros, de aproximadamente 1.85 metros, lucen un físico fornido, no son musculosos, sin embargo, sus cuerpos evidencian las horas de gimnasio que realizan cada semana.

En cuanto a números deportivos se refiere, Leytón, quien es un jugador de campo, tiene una pegada formidable y sobre todo una velocidad envidiable. Corre del home a primera en 6.8 segundos y durante su primera prueba con Kansas City, en un mismo partido se robó tres bases.

Quintanilla no se queda atrás. Presume que, con 16 años, sus rectas alcanzan una velocidad sostenida de 89-90 millas por hora.

Beisbol como única opción

Después de jugar beisbol durante toda la infancia, Leytón y Quintanilla coinciden en que a partir de ese momento su única meta era llegar a Grandes Ligas y que todos sus esfuerzos estarían puestos en conseguirlos.

“Desde los 14 años me enfoqué en que jugar beisbol era lo único que quería, la gente me preguntaba ‘¿Qué querés ser de grande?’ y siempre respondí: ‘jugar beisbol’. Quiero estudiar, pero solo pienso en jugar pelota, más nada”, comenta Róger Leytón, a quien además de ser beisbolista, le gustaría ser arquitecto.

“Toda mi vida he jugado este deporte y si no existiera el beisbol, me gustaría ser ingeniero en sistemas, es algo que me gusta bastante”, agrega Quintanilla.

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Ambos beisbolistas dicen que sus familias han sido clave para que se dediquen por completo al beisbol.

“Mis padres siempre me han apoyado, desde que me dieron la oportunidad de entrar a la academia y nació la posibilidad de firmar, que era uno de mis sueños, ellos siempre me han estado apoyando”, expresa 
Quintanilla.

Leytón manifiesta que sus logros van dirigidos principalmente a sus abuelos paternos, con quienes vive desde que era un niño.

Los padres de Leytón se separaron cuando él tenía 4 años y desde esa edad no convive mucho con su madre, sin embargo, afirma que sus abuelos lo han apoyado en todo y que este logro se los dedica a ellos, quienes han estado a su lado toda la vida.

“Vivo en casa de mis abuelos, mi mamá no vive conmigo porque se separó de mi papá y me dejó allí, entonces mi abuela se hizo cargo de mí. Ella me ha estado apoyando y todo, mi mamá casi no me miraba”, explica Leytón.

 

“Cuando me vaya del país extrañaré a toda mi familia paterna, pero más a mi abuela, ella ha estado allí en todo momento, ella me ha visto cuando he estado triste y he llorado. Hace como un mes mi abuela estaba enferma, sufrió un infarto y no podía levantarse de la cama, eso me puso terrible, fue complicado pensar en el deporte y la familia, no me la sacaba de mi mente”, relata Leytón.

Adolescentes con vida de adultos

Desde sus 14 años, Leytón y Quintanilla asumieron un papel que por la naturaleza de su edad aún no les correspondía. Salieron de sus hogares para compartir una casa en la cual viven solos y son responsables de sus propios actos.

“Para mí fue muy doloroso dejar la casa, me he criado con toda mi familia. Mi abuela habló conmigo y me dijo, ‘esto es un futuro para vos, es algo que vos querés, andá, nosotros vamos a estar aquí, te vamos a apoyar, si necesitás algo, aquí vamos a estar’”, cuenta Leytón.

Por su parte, Quintanilla agrega que “cuesta mucho vivir solo, uno se acostumbra a que nuestros padres nos están diciendo todo lo que debemos hacer”.

La casa en la que ambos peloteros residen, propiedad de Eagles Baseball Academy, está ubicada en una colonia de Managua. Tres días a la semana una señora les ayuda con la limpieza y les prepara la comida, el resto de días la limpieza de la vivienda y cocinar corre por cuenta de ellos.

“Cuando nos toca cocinar nos dividimos las cosas, cada uno hace lo que mejor le queda, Róger hace el arroz y yo tostones, tajadas, huevo, cosas así… Él cocina mejor que yo, es él que más le hace a la cocina. En la casa nos distribuimos las partes que nos toca limpiar”, señala Quintanilla.

Entre tantas obligaciones, Leytón y Quintanilla encuentran pequeños momentos para hacer actividades propias de su edad y de esa forma relajarse después de largas jornadas de trabajo.

“Me gusta ver películas, chatear un rato, ponerme a escuchar música. Escucho canciones de El Alfa, Lírico, Bad Bunny… Yo impuse el ritmo en esta casa”, expresa Leytón entre risas.

Quintanilla afirma no tener problema, ni siquiera con el ritmo de Bad Bunny, pues le gusta escuchar todo tipo de música. Diario, mientras se baña, aprovecha para cantarlas y 
bailarlas.

“En mis ratos libres me pongo a ver películas o juego Free Fire en el celular, mido mi tiempo de juego para no cansarme, además a veces me cuesta despertarme a las 5:00 de la mañana para entrenar”, relata Quintanilla.

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Primer sueño cumplido

Tras dos años en la academia, los adolescentes cosecharon los primeros frutos de su esfuerzo. El pasado 2 de julio cumplieron una de sus metas: firmar sus contratos con equipos de Grandes Ligas. Róger Leytón va a los Reales de Kansas City y Keneth Quintanilla, a los Piratas de Pittsburgh.

“Al momento de la firma le di gracias a Dios, es algo que siempre he querido. Siento un agradecimiento inmenso con mi familia y todos los que me han apoyado, ya abrí una puerta, ahora me toca recorrer el camino”, manifiesta Quintanilla, vinculado a los Piratas.

Por su parte, Leytón comparte la alegría de su amigo y dice estar orgulloso del logro conseguido por ambos.

“Siento alegría, porque esos dos años que trabajé fuerte y sin descanso dieron resultado, ahora me siento bien porque ya logré uno de mis primeros sueños, que era firmar”, agrega Leytón, quien pertenece a los Reales de Kansas City.

 El pasado 2 de julio cumplieron una de sus metas: firmar sus contratos con equipos de Grandes Ligas. Róger Leytón va a los Reales de Kansas City y Keneth Quintanilla, a los Piratas de Pittsburgh. Cortesía/END

A República Dominicana

El futuro inmediato de ambos peloteros pasa por República Dominicana, donde viajarán por dos meses para conocer las condiciones en las que vivirán el próximo año, cuando regresarán a ese país para comenzar desde cero en la lucha por conseguir un lugar en las Grandes Ligas.

Quintanilla está en la isla caribeña desde el 4 de julio, mientras que Leytón espera indicaciones de los Reales de Kansas City para emprender el viaje.

Ambos prospectos nicaragüenses, por ahora, tienen la cuenta a su favor.