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La grandeza del béisbol se fundamenta en lo inesperado. Después de 3,691 jonrones en media temporada y un alarde de poder en el Derby la noche anterior, viendo al chavalo Vladimir Guerrero Jr. colocar 91 pelotas en las tribunas del Progressive Field en Cleveland, la furia de tantas fieras reunidas en alineaciones mata-pícheres, fue congelada por la firmeza de la mayoría de 18 brazos -9 de cada lado-, con los bateadores de la Liga Nacional -los más temibles-, ponchándose 16 veces, como si hubieran estado frente a Walter Johnson, Nolan Ryan, Roger Clemens y Sandy Koufax.

La grandeza del béisbol se fundamenta en lo inesperado.Archivo/END

En contraste con el festival de 10 jonrones presenciado el año pasado en Washington, en la casa de los Nacionales, en esta ocasión fue necesario esperar hasta el sexto inning para levantarse de las butacas y festejar el jonrón de Charlie Blackmon, y en el séptimo, el de Joey Gallo. En una época como esta en que se batean par de jonrones mientras sales a comprar un hot dog, el punch fue metido en el congelador. En el 2017 también se dispararon dos jonrones en un juego que terminó 2-1, siempre a favor de la Liga Americana.

Chapman y Valenzuela

El récord de más entradas en un Juego de Estrellas le pertenece a Lefty Gómez de los Yanquis con 6 en 1935, cuando todavía se discutía la redondez del planeta. Más adelante, el público esperaba tres entradas por parte de los abridores a menos que fueran atacados rápidamente por tres cuadrangulares como Jim Palmer en 1977. En estos tiempos modernos, eso es imposible porque se trata de no afectar en lo mínimo los brazos de los lanzadores, limitándolos al esfuerzo de un inning, breve para los abridores y de máxima exigencia para los rematadores como el cubano Aroldis Chapman, de cierre macabro con tres ponches consecutivos a Realmuto, Muncy y Grandal, sellando el 4-3.

El récord de más entradas en un Juego de Estrellas le pertenece a Lefty Gómez de los Yanquis con 6 en 1935. Archivo/END

Estos tres ponches le permitieron al lanzallamas de los Yanquis, igualar la racha de 6 en poder del zurdo mexicano Fernando Valenzuela, ponchando al último bateador que se enfrentó en 1985 y abriendo el Juego de Estrellas de 1986, con cinco “kaes” consecutivas. Lo de Chapman fue de otra forma porque previamente, en el 2015 en Cincinnati, registró otro inning de tres ponches, y desde entonces, no había vuelto a trabajar en uno de estos clásicos de media temporada.

El más valioso

Otro tema de discusión fue la selección del pelotero Más Valioso, distinción otorgada al pícher de los Indios Shane Bieber, quien ponchó a los tres que enfrentó en el quinto inning con la pizarra 1-0 a favor de la Liga Americana. Hay quienes piensan –inclúyanme por favor- que los tres ponches de Chapman cerrando el juego y sosteniendo el 4-3, tenían más significado, pero los aficionados decidieron que Bieber se quedara con el reconocimiento y con el vehículo como premio agregado…No quedaron muchos momentos que recordar, pero el largo doblete del preferido local Michael Brantley impulsando la primera carrera contra el zurdo Clayton Kershaw, finalmente perdedor, provocó un ruido ensordecedor.

El pícher ganador fue el japonés Masahiro Tanaka de los Yanquis, quien trabajó el segundo inning, detrás de Verlander, en tanto, solo 4 latinos conectaron imparables: Katel Marte, Gleyber Torres, Gary Sánchez y Jorge Polanco…Ahora la ventaja de la Liga Americana con esta racha de 7 triunfos es de 45-43 y 2 empates en 90 juegos desde 1933, cuando se puso en marcha el proyecto.