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Los peloteros del San Fernando no soportaron más. No hubo pago, pese a la larga espera, y no hubo juego. Se aplicó el forfeit, ganó el Bóer y perdió el béisbol. La Liga quedó herida.

Nunca hubo una señal clara por parte de la Directiva del San Fernando. Durante semanas, el futuro inmediato del equipo de Masaya estuvo navegando en la incertidumbre. El problema: falta de capacidad de gestión, ésa que produce el apoyo financiero.

Desde antes de ponerse en marcha el evento, el San Fernando fue en lo económico una amenaza de derrumbe. Se habló de abrirle espacio al Granada o de fabricar una fusión que permitiera captar la atención de los aficionados de dos ciudades.

Es grave lo ocurrido, porque desde afuera se pierde confianza en La Liga. ¿Cómo venir a jugar al fiado? Una Liga Profesional es una empresa y cuando han pasado tres temporadas, se supone que hay consolidación, que el cuadro se ha rayado adecuadamente, que el respaldo es consistente.

Omar Cisneros estuvo al frente de la protesta. Una actitud solidaria del manager con su tropa. No se vio por los alrededores del problema a ningún directivo. Seguramente se ocultaron entre las ramas caídas de la irresponsabilidad.

Esto es grave, porque enciende los bombillos rojos frente a las pretensiones de ser tomados en serio por el conglomerado del Caribe, o de poder conseguir algún espacio en el béisbol organizado.

Cuando una Liga corre el peligro de quedar convertida en una mesa de tres patas, se están agrietando presente y futuro. Cuando pese a la posibilidad de ver desembocar la complicada situación en una debacle, no hay medidas de emergencia ni la necesaria comunicación entre “socios” de un proyecto, es que no se funciona.

Hay que salvar al San Fernando para evitar el caos total. Se trata de un equipo con “cara” de finalista y la desarticulación que provocaría su descarte sería fatal. De cualquier manera, hay que proceder en esa dirección.

Ah, si el San Fernando estuviera fuera de combate, el problema podría manejarse con cierta discreción, pero no es así, porque ese equipo puede llegar a ser Campeón en medio de la tormenta, con algo más de medio boleto a la final en el bolsillo.

¡Qué pequeños somos! Nos metemos a organizar una Liga Profesional y en lugar de fortalecerla, la mostramos frágil, y ahora herida, sangrando.

¿Cómo nos van a ver desde afuera? Incluso, ¿cómo nos vamos a ver nosotros mismos? Ese es un nudo bien apretado.