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El adjetivo que siempre pareció más apropiado para describir a un púgil, como Pernell Whitaker, fue el de “mañoso”. Un hombre de “mil mañas” entre las cuerdas, con una flexibilidad natural, rápidos reflejos, piernas de alta aceleración, zurdo incómodo, experto en fugas, de estilo enloquecedor hasta para campeones del nivel de Julio César Chávez, Óscar de la Hoya y Félix “Tito” Trinidad.

No hubo forma de descifrarlo, tanto en el ring como en la vida, registrando un comportamiento usualmente cuestionable, que lo llevó hacia desviaciones peligrosas que carcomieron su futuro.

Se decía que ensuciaba las peleas con excesivos amarres, fricciones innecesarias, uso de codos y cabeza, y otros “recursos”, pero lo real, es que manejando su astucia inagotable, peleaba dentro de los límites de tolerancia, exhibiendo una confianza que abrumaba. Quien en cierto trayecto de los años 90 fue calificado como el mejor libra por libra, murió en un accidente a los 55 años, dejando un historial de 40 victorias, cuatro derrotas y un empate.

Tragando fallos amargos

Su mayor frustración fue haber sido víctima de un real asalto en su pelea de 1993 con el entonces invicto y claro favorito Julio César Chávez. La superioridad de Whitaker fue inobjetable, y aunque un juez votó a su favor, los otros dos sentenciaron empate y Chávez salvó su reputación de imbatible. “Ustedes vieron lo que pasó.

Yo no sé qué pensar” dijo a los periodistas en la conferencia pospelea. Antes en 1988 contra otro zurdo capaz de manejar los dos perfiles, José Luis Ramírez, uno de los pocos que derribó a Alexis Argüello, el desconcertante Whitaker tuvo que tragarse otro fallo amargo que lo condenó a injusta derrota. Dos años después logró un ajuste de cuentas, pero la mancha quedó en su hoja de servicios… Nadie le creyó cuando advirtió que Óscar de la Hoya no podría resolverlo y que saldría con sus puños en alto.

La pelea fue infernal para Óscar. Tuvo que engavetar su plan y buscar soluciones emergentes frente a un rival que lograba anticiparlo una y otra vez. Metido en un laberinto, De la Hoya, de 24 años en 1997, tampoco pudo descifrar a Whitaker de 33, y la decisión que le fue favorable, sigue siendo sometida a discusión.

Con Trinidad, todo en contra

Pese a tantas frustraciones, Whitaker un campeón Panamericano y Olímpico en su época de amateur, vencedor en Los Ángeles 84 del nicaragüense Adolfo Méndez, nunca permitió que su corazón guerrero se deteriorara.

En febrero de 1999 fue derrotado limpiamente por Tito Trinidad en un combate muy confuso. Whitaker, de 35 años, se concentró en buscar cómo sobrevivir ante un adversario de potentes golpes rectos, menor 9 años. Trinidad tenía 10 meses de no combatir y Whitaker 16 por problemas con las drogas.

Ya no era el gran peleador que fue y salió casi oculto del Madison Square Garden en Nueva York… Fue acusado Whitaker de un descuido alarmante que incluyó desvío hacia “humos prohibidos”. Igual que Aaron Pryor se vio atrapado en una espiral dañina, saliendo completamente de pantalla.

Nunca antes un peleador se movió entre las rayas de cal de la tolerancia, utilizando sus mañas como armas eficaces para desequilibrar. Su astucia siempre saltó a la vista. Con pocas excepciones, los adversarios no querían volver a encontrarlo entre las cuerdas, ni fuera de ellas.