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Hace años, no podíamos pensar que el miedo a la pérdida de brillo, sería más fuerte que el orgullo en un seleccionado cubano de beisbol. Incluso frente a la exigencia del primer Clásico en el 2006, mirando a tantos big leaguers en la acera de enfrente, en la isla confiaban en su equipo. Y llegaron a la final por encima de las expectativas. Poco a poco, mientras las fugas continuaban, otras puertas se abrían, y los peloteros encontraban espacios en el exterior con mayor fluidez y facilidad, el equipo cubano se fue deteriorando, hasta llegar a este punto crítico a escasos días de ponerse en marcha los Panamericanos de Lima.

Después de mostrarse sin punch en su fogueo de cinco juegos en Estados Unidos perdiendo cuatro veces, su paso por Nicaragua con un empate, dos derrotas, un casi no hit en contra, y apenas un extrabases que fue doble, se dijo en Cuba que disponían de suficiente material para “maquillar” el equipo y proyectar pelear el oro, que se les escapó en Guadalajara 2011 y Toronto 2015. Sin embargo, por lo que hemos estado escuchando y leyendo, la mejoría será poca y peligro de seguir atrás, parece inminente.

No se ve mucha vitalidad

El amigo y colega Sigfredo Barros, columnista de largos años en el diario Granma, explica que los tan promocionados refuerzos, solo mejorarán un poco al equipo que será visto en Lima. Apunta que Yurisbel Gracial, un ruidoso bateador en el beisbol japonés, estará en los jardines con Roel Santos y Starley Hernández, si estos son capaces de ganarle las peleas a Yuniesky Laurdet y Yoelkis Guibert, que estuvieron por aquí en el reciente “naufragio”. Es decir, que ni Santos ni Hernández son seguros, y no menciona para nada, al veterano cañonero Alfredo Despaigne, de quien se había dicho, podía no recibir autorización para ir a Lima, por no estar establecido en su contrato.

En lo referente al infield, los mismos que vimos: Yosvany Alarcón como cácher, Yordanis Samon en primera, César Prieto —el quebrador del no hitter— en segunda, Carlos Benítez en el short y Raúl González en la antesala. El refuerzo Yordan Manduley tendrá que demostrar —no sé cómo— que puede tomar un lugar en ese cuadro interior, o funcionar en el rol de designado. Muy poca pólvora nueva, en un equipo que tanto lo necesita.

Los brazos serán claves

Cuba va a tener que depender de la consistencia de su picheo, que estará encabezado por los brazos de Lázaro Blanco y Freddy Assiel Álvarez, sus dos grandes pilares, el segundo sacudido bruscamente por nuestro bateo en la serie realizada, incluyendo par de jonrones.

En los viejos tiempos, como en el duelo cumbre contra Japón en el Mundial de 1980, resuelto 1-0 con el jonrón de Antonio Muñoz, cada vez que fue necesaria la presencia del picheo dominante, aparecía… En los dos últimos Panamericanos, Cuba no tuvo suficiente picheo para disputar el oro, y en Lima contará con el hándicap favorable de no encontrarse con el ausente Estados Unidos. El mánager Anglada, agregará en Lima los brazos de Raidel Martínez de los Dragones de Chunichi, Livan Moinelo de buen control y mucha utilidad, Yoanni Yera y Vladimir García.

Los que parecen tener significado son Martínez y Moinelo. Aunque el periodismo cubano —por razones obvias— no se atreve a calificar este equipo como el más flojo salido de la isla, sí lo parece al revés y al derecho, así se corone.