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Cuando alcanzas el estrellato, quieres permanecer en él por siempre. Te acostumbras a los reflectores, a sentirte el ombligo del universo y mantener a todos pendientes de tus movimientos. Te resistes a admitir la inevitable pérdida de brillo y el deslizamiento hacia la vulnerabilidad, el deterioro y el final.

Ese último round es imposible ganarlo.“Qué será del mundo sin mi”, se atrevió a decir en uno de sus arrebatos de jactancia, el increíble e irrepetible Muhammad Alí. Él ya no está y el mundo sigue andando. Manny Pacquiao debe estar claro de eso y consciente que se encuentra en el momento apropiado para retirarse: una historia grandiosa como boxeador saltando desde 112 a 147 libras conquistando ocho cinturones; el respeto y la admiración de las multitudes que siguieron sus huellas; el dinero necesario para disfrutarlo largamente y sobre todo, la necesidad de aterrizar en la pista de la tranquilidad ¡No más pleitos Manny! ¿Qué es lo que te hace falta para seguir tomando riesgos? La insistencia ha conducido a la destrucción de muchos.

Hay tantas historias

Con un futuro político garantizado en Filipinas y la base económica requerida, este es el momento en que Pacquiao debe decir ¡No más! AFP/END

Rocky Marciano se retiró en 1955 con 32 años, invicto después de 49 peleas. Se sintió afectado por haber golpeado fuertemente al veterano glorioso Joe Louis, uno de los que no supo retirarse a tiempo. Louis tenía 37 años y estaba desgastado cuando enfrentó a Marciano, 11 años más joven y con una bomba en cada puño. El mundo estaba del lado de Louis por el largo cariño cultivado, pero en boxeo, eso no te protege y Louis, luciendo a ratos casi indefenso, fue noqueado técnicamente…Fue terriblemente estrujante ver a Muhammad Alí, golpeado desde todos los ángulos y distancias por Larry Holmes. ¡Cómo me dolían los golpes que yo lanzaba! dijo Holmes en referencia al dominio ejercido sobre quien fue su ídolo y espejo…Recordar como Terry Norris vapuleó a Ray “Sugar” Leonard, provoca escalofríos.

Las cruentas batallas de Leonard, pese a su reconocida destreza y piernas rápidas, similares a las de Manny en su fulgurante carrera, dejaron una imagen incorrecta de lo que fue y significó para el boxeo. Y tantos casos más consecuencia de la imprudencia, incluida la del propio Robinson.

Una reflexión apropiada

Con un futuro político garantizado en Filipinas y la base económica requerida, este es el momento en que Pacquiao debe decir ¡No más! En el boxeo prevalece el salvajismo puro. Nunca olvido la crónica del magistral cronista español Fernando Vadillo sobre Pedro Carrasco en su calvario frente al golpeo implacable de Mando Ramos. La tituló ¡Ay Pedro, Pedro!, en un lamento interminable.

¿Y cómo olvidar el momento más dramático que ha atravesado Pacquiao? El brutal golpe asestado en su mandíbula por Juan Manuel Márquez, que sin exagerar, hizo temer por su vida. La forma como se derrumbó Manny fue como la de un edificio demolido. El asombro de todos fue macabro.

Regresó, casi del más allá para seguir estirando su historia. Superó hasta fallos equivocados y no se detuvo. Hasta forzar este enfrentamiento con Keith Thurman, un excelente boxeador capaz de pegar con poder y certeza, utilizando preferentemente golpes rectos a la zona alta. Pacquiao se excedió y consiguió dos golpes que le permitieron darle forma a un triunfo epopéyico. ¿Qué más puede buscar Manny a los 40 años? Lo sensato es el retiro. Saber decir ¡No más pleitos!