Edgard Tijerino
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Sin apuros, “matando” suavemente, con esa tranquilidad que proporciona el dominio de la pelota, el manejo de los espacios, la facilidad para contragolpear y el disponer de suficiente pegada para desequilibrar, Brasil (27 puntos) se impuso 2-1 a Paraguay, tomando las riendas del nutrido y siempre confuso grupo clasificatorio suramericano, con un punto de ventaja sobre el sorprendentemente y agigantado Chile (26), vencedor de Bolivia 4-0.

Mientras Brasil cabalga, Argentina, con una alineación llena de luminarias, capaz de disputarle a Celine Dion o a Chris Angels los mejores escenarios en Las Vegas, sigue cojeando, sufriendo su cuarta derrota, ahora por 2-0 frente a un irrespetuoso Ecuador, que se agitó bravamente en el segundo tiempo con goles de Ayovi y Palacios, a los 71 y 83 minutos, y aprovechó la falla de Tévez ejecutando un penal, y el ver a Messi jugando sin alcanzar la dimensión que le conocemos.

Con Paraguay tercero, acumulando 24 puntos, Argentina se mantuvo cuarto con 22, fuera de la zona roja, pero sintiendo la presión de Ecuador, que llegó a 20, superando a Uruguay, que empató con Venezuela y registra 18, sólo uno más que el peleador equipo de Venezuela, nivelado con Colombia. Así que hay mucho que discutir cuando se acerca, en septiembre, el duelo Brasil-Argentina en el Monumental de Buenos Aires, el patio de River.

Una vez más, la altura de Quito fue un terrible enemigo para Argentina, que fue goleada por Bolivia en La Paz y vencida por Colombia en Bogotá. El primer tiempo argentino tuvo lucidez, pero no el segundo, y Ecuador se volcó, construyendo el resonante triunfo.

Brasil supo establecerse en el medio campo, lo que facilitó sus constantes proyecciones, abriendo juego por las bandas, o combinando en el centro. El gol de Cabañas, producto de un tiro libre, aparentemente “bien scouteado” por Julio César, pero desviado desafortunadamente por una punta de botín, adelantó a Paraguay, que venía de ser derrotado por Chile 2-0.

El golpe en la mandíbula obligó a Brasil a sacudir su cabeza y regresar a lo suyo, como son las triangulaciones, desbordes y fabricación de oportunidades. El largo centro de Alves desde la derecha, que se elevó encima de toda la defensa guaraní, fue rematado al primer rebote por la zurda de Robinho, sacudiendo las redes, y con el marcador 1-1, Brasil comenzó a danzar con Kaká y Filmar, presionando por el centro, hasta que la nueva figura del scratch, con un pase de pecho que buscaba a Robinho, pero devuelto por un defensa, se encontró con la gran posibilidad, y definió para sellar el 2-1.

Brasil pudo ampliar, pero se vio frustrado en por lo menos cuatro oportunidades, decidiendo meter el partido en el congelador en los últimos minutos, con ese oficio que todos le conocemos.


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