• Managua, Nicaragua |
  • |
  • |
  • AFP

¿Qué tanto dolió esta derrota frente a Puerto Rico por 7-3? Mucho, como cuando con nuestra barbilla golpeamos el suelo y la mandíbula salta hecha añicos. No era lo que esperábamos, pero revisando las imágenes no hubo forma de escapar al naufragio. Quizás “El Profesor”, ese personaje central de la ruidosa serie de Netflix “Casa de papel”, habría encontrado alguna forma de sobrevivir y escapar, pero todo salió mal: pitcheo flojo amenazado en cada inning; bateo sometido, por largo rato casi inexistente; y defensa agujereada no apta para sostener esperanzas…Pobre Darrell Campbell, pareció haber envejecido mientras el juego avanzaba entre tinieblas. Y se anuncia que no alineará hoy contra Dominicana, porque su sistema nervioso necesita tranquilizarse y se trata de un momento de vencer o morir. ¿Un acto piadoso o de castigo? No se sabe.

A evitar tirar toalla

Ahora el equipo se encuentra en el rincón de las dificultades, expuestos a mayores riesgos que la aparición de alacranes camuflados, de esos que abundan en la tan dañina política criolla. Desde 1999 en Winnipeg, primer torneo abierto a los profesionales, Dominicana creció como rival de peligro y de ninguna manera puede ser subestimado. Perder hoy, nos obliga a tirar la toalla…Naturalmente, se necesita un cambio brusco respecto a lo mostrado contra Puerto Rico. Bucardo estuvo resolviendo problemas que se multiplicaban a su alrededor inning tras inning. Siempre estaban boricuas circulando. Se poncharon 10 veces, pero batearon 14 hits, entre ellos tres dobles y un jonrón sepulturero. Ellos movían sus bates y golpeaban alegremente las pelotas que saltaban hacia todos lados con un frecuencia que aturdía. Se logró empatar 1-1 y fue el único momento en que nos vimos las caras.

Ninguna variante salvadora

¿Otro line up? Ayer ningún invento en el orden al bate hubiera funcionado. Fue uno de esos días en los que sientes que una soga aprieta tu cuello y no te la puedes quitar. Nadie más desorientado que Campbell, perdido en la maleza y en el cajón de bateo, pero es un buen pelotero. El manager Sánchez batallando emocionalmente con el fallecimiento de su padre, es decir, con su mente y corazón sin el control requerido, lo que todos entendemos. Ahora que todo está consumado, consideramos que era Wilton o cualquier otro, no Téllez, el hombre del relevo. ¿Y que hacemos con los antecedentes que lo respaldan?. Descubrimos que Elías Gutiérrez no debería haberle lanzado a Kevin Luciano quien asestó la última estocada volándose la cerca. Me pregunto: ¿De cuántas formas se hubiera podido cambiar el desenlace de ese juego? Todas las variantes que podamos imaginar, habrían fracasado. No había escape.