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Recuerdo al equipo de béisbol cubano en 1996 dándole la vuelta a la pista en el Estadio County de Atlanta, ondeando su bandera y mostrando su orgullo. Se habían impuesto a Japón 13-9 conquistando el oro olímpico. Durante 143 partidos seguidos, ellos habían permanecido invictos en cualquier tipo de torneos. ¿Se imaginan eso? ¡Cuánta grandeza! Omar Linares era la figura cumbre, con Orestes Kindelan a la orilla.

En la famosa apertura a los peloteros profesionales aprobada en Lausanna, Suiza, la superioridad cubana a veces aplastante, comenzó a debilitarse, y era obvio que más adelante, con las restricciones particulares de no poder contar con sus profesionales por razones de política de estado, un error que Hugo Chávez tuvo el cuidado de no cometer en Venezuela, ese dominio que les permitió 10 coronaciones consecutivas en Panamericanos, se derrumbó, quedando atrás las formidables actuaciones registradas en el primer Clásico y ganando una Serie del Caribe. Pero nunca se había un equipo cubano tan depresivo como éste que antes de ir a Lima, estuvo por aquí mostrando su flaqueza.

ERA ALGO INEVITABLE

Antes de los Panamericanos de Winnipeg en 1999, ya con la apertura a los peloteros profesionales, Cuba comenzó a sufrir, pero se sostenía en la cima, contra vientos y mareas, sudando horas extras. Eso sí, no podían regresar a los niveles de excelencia proporcionados por la ventaja de utilizar a los mejores peloteros de la isla durante más de 50 años, en contraste con sus adversarios, nunca cerrados a la salida de sus futuros ases firmados constantemente.

Sobreviviendo a dificultades, el béisbol cubano se coronó en Winnipeg mientras el saltador de altura Javier Sotomayor, era derribado por el uso de lo prohibido en medio de un escándalo mayúsculo…Se puede decir que a partir de Winnipeg, Cuba se vio expuesta a terribles riesgos en cada torneo, aunque la calidad que le quedaba, lo mantenía entre los protagonistas. Australia, los equipos asiáticos, los caribeños, y naturalmente Canadá y Estados Unidos, se fueron agigantado como retadores y Cuba se sintió empujada contra las cuerdas. Ahora ganaba y perdía, y ser reducida al bronce en los dos últimos Juegos Panamericanos, era un indicativo del deslizamiento, hasta quedar fuera de la pelea de las medallas en Lima.

Hace dos semanas la selección de Nicaragua ganó una serie amistosa con Cuba / Archivo INCREIBLE BAJON DE VOLTAJE

Fue muy útil para nosotros ver en acción a la base del equipo cubano hace unos días. Venía de cambiar golpes sin asustar en Canadá, de ser casi barrido en cinco juegos por universitarios de Estados Unidos, y aquí no pudo ganar juego en tres intentos, en lo que fue su último fogueo. La derrota por 6-1 frente a Colombia fue una seria advertencia y los obligó a dormir con las barbas en remojo antes del duelo con Canadá, ganador del oro en Guadalajara y en Toronto.

El equipo cubano estuvo atrás 7-3, pero reaccionó vigorosamente acercándose 7-6, sin embargo, Canadá resistió agregó una carrera en el noveno, y terminó imponiéndose 8-6, sacando al equipo de la isla de la pelea por las medallas, algo que no ocurría desde 1959 en los Juegos de Chicago. ¿Hay alguien sorprendido? No, porque éste es el peor equipo cubano visto no solo en Panamericanos, sino en cualquier otro torneo. Frente a semejante bajón de voltaje, el sonar de las alarmas va a extenderse por varios días mientras se busca una solución a la crisis sin precedentes.