• Lima, Perú |
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Hola a todos. Mi nombre es Bryan Pérez", se presenta el surfer en GoFundMe, un sitio de financiamiento colectivo. Allí busca aportes para su causa "Un salvadoreño con un sueño de surf".

"La más pequeña donación puede hacer una enorme diferencia", escribe el joven de 19 años que ambiciona llegar a los 35.000 dólares para poder subirse a la cresta de este deporte. El dinero, explica, le permitiría cubrir inscripciones y viajes a 12 eventos venideros entre América, Europa y Asia.

El domingo, en los Juegos Panamericanos de Lima-2019, las olas empujaron otro de sus objetivos: "Poner a El Salvador en el mapa". O más bien en el medallero, al obtener con su destreza acuática la presea de bronce en la prueba de surf open, única modalidad que ofrecía plazas olímpicas.

"Me siento súper orgulloso de mí mismo, del trabajo que he estado haciendo desde años, es un sueño", dice a la AFP Bryan, quien agradeció la medalla a Dios y la dedicó a su país. "Se la doy con todo mi amor".

Sorpresa para todos. En la clasificación, el salvadoreño no había podido hallar la ola indicada y quedó afuera de la competencia continental inédita en la capital peruana. Fue cinco meses después de que el colombiano Daniel Olmos dejara una plaza vacante, que le cayó por gracia del ránking. "Fijate cómo las puertas se abren", dijo.

Esa vez fue buena. Pero durante la competencia le llegó una noticia menos feliz: las llamas destruyeron su casa paterna, en La Libertad. Respiró al saber que su familia estaba bien. "Lo material se consigue".

Bryan Pérez logró la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos Lima 2019. AFP/END

A media tabla

A Bryan solo le ha resultado fácil andar sobre el agua. Desde chico, el deporte que le mostró su padre en Punta Rocas le divertía más que cargar al mercado el canasto de pan que le encomendaban vender.

"Niña Mary, Bryan anda surfeando otra vez". Así, contó la madre a un medio local, se enteraba de cómo desatendía la tarea para escaparse en su travesura favorita. De las competiciones de Bryan sabía de rebote, por las frustraciones de los que preferían ni enlistarse con su hijo por la derrota asegurada.

"Vivo con una de las mejores olas del mundo. Tenía la ola perfecta todos los días, y así me fue gustando más y más y ahora estoy acá", dice el joven de rizos con reflejos.

Aunque las ondas de El Salvador no figuran entre las favoritas del surf internacional, Bryan eligió vivir frente a las de El Zonte.

Durante la competencia le llegó una noticia menos feliz: las llamas destruyeron su casa paterna. AFP/END

En sus inicios, se paraba en una tabla partida. Las monedas que juntaba cuidando coches con su hermano no alcanzaban para una entera. Todavía niño, recibió una tabla de manos del costarricense Anthony Filligrim, a quien venció en cuartos de final algunos días atrás.

Su escuela fue uno de los varios puntos del surf salvadoreño que muere por enseñarles a sus amigos de afuera. Sin embargo, y no por su bravura, pocos se le animan.

"Tienen que ir y ver que El Salvador es lindo, tenemos olas muy buenas y playas increíbles (…) Es un país diferente del que toda la gente habla", asegura el surfer, evocando la violencia que empaña la imagen de su país por la acción de las pandillas.