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Nuestro béisbol tiene cuatro medallas sobre el tapete de los Juegos Panamericanos, dos de plata (1983 y 1995) y dos de bronce (2007 y 2019). Fijar cuál es la de mayor brillo, no es fácil entre las plateadas, aunque en lo referente a la más discreta de las dos de bronce, la del 2007 en Río Janeiro, salta fácilmente a la vista. Aún no sabemos como la ganamos, a diferencia de ésta, en Lima 2019, lograda sin espectacularidad pero con méritos suficientes para mostrarla con orgullo…Estuve a la orilla de la Selección Nacional tanto en Caracas 83 como en Buenos Aires 95, y aunque el balance de 6-3 en Argentina es ligeramente superior al 6-4 de Venezuela, me inclino por la conquista de 1983 apoyándome en tres factores: era la primer medalla en la historia de los Panamericanos para nuestro béisbol; se colocó al borde del nocaut 9-0 a una de las más poderosas selecciones que ha presentado Estados Unidos, y se le ganó; y sobre todo, por la excesiva carga emocional que cobijó la proeza. Todo el país, hasta en el último rincón, estuvo pendiente del relevo enérgico de Julio Moya para su tercer triunfo, y del jonrón dramático de Julio Sánchez quebrando el empate 5-5 con Dominicana y asegurando la plata.

MIRANDA FUE A FONDO

En cada caso Nicaragua contó con un líder de staff realmente confiable: Julio Moya en Caracas y Daniel Miranda en Buenos Aires, proporcionando cada uno tres victorias. En 1995, fuimos noqueados por Cuba 11-0, cambiamos golpes con Panamá, y aunque no enfrentamos al equipo en broma que llevó Estados Unidos -un grupo de estudiantes de la Universidad de Saint John que terminó con 0-4, derrotados por Argentina- y para garantizar la plata, sudamos frente a los gauchos dándole forma a un triunfo angustioso por 1-0, con una carrera empujada por roletazo de Sandy Moreno dentro del cuadro después de dos boletos y un sacrificio, sin necesidad de batear hit…Por supuesto que hay momentos sobresalientes: la decisiva victoria por 4-3 sobre Panamá ajustando cuentas, culminada con una gran jugada defensiva de Nemesio Porras en el noveno, los blanqueos de Daniel Miranda y Oswaldo Mairena contra Puerto Rico y México por 5-0 y 4-0, y la batalla por el oro frente a Cuba, desequilibrada 1-6 por el pitcheo combinado de Rolando Arrojo y el Duque Hernández. La segunda de plata con el respaldo de aquel gran infield con Nemesio, Medina, Dávila y Panal. ¿Se imaginan eso?

UNA ACTUACIÓN INMENSA

No pretendo discutir con ustedes, pero la mejor actuación pinolera en Panamericanos que mi memoria carcomida recuerda, es la del 2003 en Santo Domingo, República Domincana. ¿Cómo si no se ganó medalla alguna? pueden contragolpearme, pero fue algo formidable que pudo apreciar una raza de aficionados reciente. En la fase de grupos, Nicaragua encabezó su sector con balance de 4-0, superando a Estados Unidos con 3-1, en tanto en la otra acera, Cuba y México avanzaban con 2-1. Se derrotó 9-1 a Bahamas con jonrón de Eduardo Romero y el derecho Cairo Murillo continuó con un no hitter frente a Guatemala. Olman Rostrán se excedió blanqueando a Estados Unidos 3-0, cortando en 25 la racha de victorias en diferentes eventos de los norteamericanos, y el zurdo Oscar Torres, alargó a tres -algo sin precedentes- la cantidad de blanqueos consecutivos de los brazos nicas, doblegando 2-0 a Dominicana. En la siguiente etapa, se venció 5-2 a Panamá, pero en la pretensión de disputar el oro, el equipo nica fue frenado por Cuba que volteó un 0-1 adverso con Rostrán dominante seis entradas, para terminar imponiéndose 2-1, en duelo de ribetes espectaculares y enorme carga de suspenso. Fue la primera derrota pinolera. Por el bronce se perdió 6-2 con México, pero el equipo nica, aún sin medalla, dejó una inmensa impresión. Jimmy González fue la bujía en el ataque.