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Cheslor Cuthbert corre y sonríe cuando calienta en el mítico Fenway Park, de Boston, antes del partido entre su equipo, los Royals de Kansas City, y los Red Sox.

El costeño vive la mejor temporada de su carrera en Grandes Ligas, pero admite que cada oportunidad en el plato le ha costado lágrimas.

Las lágrimas más difíciles las soltó el año pasado, cuando los Royals de Kansas City lo bajaron de categoría y lo enviaron a Triple A. Era una época de pocas sonrisas.

“Yo me puse muy triste cuando me dijeron que me iban a sacar del róster de los 40. Yo sabía que iba a pasar porque no estaba produciendo lo que el equipo esperaba de mí, y para el colmo, me lesioné y eso me sacó aún más de concentración”, relató Cuthbert al conversar con El Nuevo Diario.

El año pasado, el costeño apenas jugó 30 partidos y su average quedó en .194. Su salida del equipo grande estaba anunciada.

Y a Cuthbert la caída lo marcó más, porque también sufría problemas personales.

“Mucha gente, que se enteró de mis problemas, me quisieron ayudar. Me dieron todo tipo de consejos, pero yo solo tomé los consejos que me convenían y los puse en práctica y gracias a Dios, estoy de regreso con el equipo y todo me está saliendo bien. Agradezco mucho a toda la gente de buen corazón que me apoyó en esos momentos difíciles que pasé en mi vida”, destacó Cuthbert.

El tercera base de los Royals de Kansas City prefirió no detallar sus problemas personales, pero enfatiza que cuando caía en lo profesional y en lo personal, él supo escuchar.

Una de las frases que más atendió Cuthbert, vino de un representante de su equipo de beisbol.

“Cuando me bajaron a Triple A, la dirección de Kansas (City) me dijo que todavía tenía esperanza conmigo, que no me rindiera, que siguiera trabajando fuerte”, recordó.

Trabajar fuerte es lo que ha definido a Cuthbert en su carrera. Desde adolescente lo hizo y por eso tiene una marca en Nicaragua: la firma más alta con un equipo de Grandes Ligas, por 1.5 millones de dólares.

Ahora, Cuthbert es un jugador calmado y más analítico para jugar a la pelota. Carlos Solís/END

El jugador de 26 años parece que ha superado las dudas y en el histórico Fenway Park, antes de cantarse el play ball con un lleno completo, casi termina de calentar, pero no deja de sonreír.

Ahora, Cuthbert es un jugador calmado y más analítico para jugar a la pelota.

“Antes yo me obligaba para que las cosas me salieran bien, eso era un error que yo hacía, pero ahora estoy más relajado y jugando más tranquilo. Mi mente está más tranquila y estoy disfrutando al máximo cada partido que estoy jugando, estoy más concentrado en pegar hit”, aseguró.

Esta temporada ha pegado 63 hits, incluidos 7 jonrones, y ha empujado 29 carreras. Su average es un envidiable .289, el más alto que ha tenido en su carrera de 5 años en la Gran Carpa.

En algunos momentos de este año, Cuthbert ha estado bateando para .300, volviendo locos a los comentaristas deportivos en Nicaragua, quienes ven en el costeño al héroe que necesita este país.

Cuthbert mide seis pies y una pulgada, es decir, 185 centímetros de estatura. Y pesa 210 libras de puro optimismo.

“Estoy muy contento (de) estar aquí de nuevo, yo crecí con el equipo, conozco a todo mundo acá y no me gustaría irme de aquí, porque yo crecí en este equipo. Carlos Solís/END

Antes de ponerse el guante para proteger la tercera base ante los Red Sox en el Fenway Park, Cuthbert explicó que su felicidad está con su actual equipo, los Kansas City Royals.

“Estoy muy contento (de) estar aquí de nuevo, yo crecí con el equipo, conozco a todo mundo acá y no me gustaría irme de aquí, porque yo crecí en este equipo. Me siento en casa y no me gustaría irme de este equipo”, dijo, sin borrar la sonrisa.

Y si el optimismo es el más grande motor de Cuthbert este año, el autoanálisis lo mantiene con los pies bien puestos sobre la tierra.

Sabe que se ha ponchado 48 veces, que solo ha negociado 9 bases por bolas y que apenas lleva una base robada. No todo puede ser perfecto.

Permanecer en las Grandes Ligas es como escalar una montaña a la que no se le ve la cima. Lo sabe muy bien Cuthbert, quien ya no quiere resbalar y caer de nuevo.

De largo, el costeño también presta atención a los otros nicaragüenses que luchan por llegar y quedarse en las Grandes Ligas. Todos escalan la misma montaña.

De largo, el costeño también presta atención a los otros nicaragüenses que luchan por llegar y quedarse en las Grandes Ligas. Archivo/END

Pone su atención en Erasmo Ramírez (Red Sox), J.C Ramírez (Angels) y Jonathan Loáisiga (Yankees), los otros jugadores que, junto con él, hacen el póker de ases de beisbolistas nicaragüenses en la Gran Carpa.

“A Erasmo Ramírez le digo que siga trabajando duro, si no tiene una oportunidad con Boston, otro equipo le dará el chance. Le aconsejo a Erasmo que siga trabajando fuerte para que le llegue esa oportunidad. Le deseo lo mejor y que se mantenga saludable. Estoy muy contento por J.C, ya se recuperó de su brazo y está tirando muy bien. Jonathan (Loáisiga) viene en camino, yo sé que hará un tremendo trabajo cuando esté de regreso con los Yankees”, aseguró.

Cuthbert manifestó que tiene un sueño, grande, pero no imposible: Que él, J.C Ramírez, Erasmo Ramírez y Jonathan Loáisiga, se vean las caras en las postemporada.

“El año pasado y este año nosotros los nicas tuvimos una mala racha (en Grandes Ligas), pero gracias a Dios ya nos estamos levantando de nuevo. Espero verlos a todos en los play off”, concluyó.

Cuthbert nunca dejó de sonreír.