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René Pineda / Colaboración

En toda su vida como atleta, Juan Palacios ha dependido de su corazón para alcanzar lo que quiere. Sin una pegada fulminante, ni un boxeo deslumbrante, su entrega, confianza en sí mismo y agallas para enfrentar los retos son las claves de su éxito.

La noche del sábado volverá a ponerlo todo en el ring cuando se enfrente a un no menos peligroso Erick Ramírez. Atrás han quedado las horas de sacrificio, el sudor de los gimnasios, el dolor del cuerpo y la agonía que provoca el esfuerzo extremo.

Ha invertido en su físico como si fuese un templo, no se da por vencido y entre más escucha a sus críticos hablar de sus limitantes, más trabaja, más se dedica, más se dispone a hacer la diferencia. Hoy se enfrenta a la báscula en horas del mediodía y no cabe duda que no habrá ningún problema para dar el peso, incluso menos de las 105 libras.

¿Qué lo mueve con tanta pasión? No es el dinero, ni la fama, aunque sepa que es necesario. Palacios dice que todo le viene de Dios, de otra forma cómo explican que siempre revirtió el pronóstico cuando tumbó a Omar Soto en su propio patio y cuando viajó hasta China para noquear a Teruo Misawa.

Le gustaría que algún día le den un voto de confianza y consideren que es capaz de cualquier cosa, porque ha invertido su tiempo y la vida en este duro deporte. Sólo hasta que vemos los hechos podemos ofrecer el reconocimiento que busca de antemano.

Palacios tiene un apodo que no le encaja, eso fue porque un día los promotores por vender un boleto extra le agregaron a su promoción lo de “Exterminador”. Está lejos de serlo, pero su capacidad para entrenar es lo mejor. Es el sueño de todo entrenador.

A dos días de la pelea, está debajo del peso, con un cuerpo lleno de fibra, sin sufrir, sin saunas de más u horas adicionales de carrera matutina; sin trajes térmicos o con planes de pasar sin comer un día. Es un boxeador libre que ha acostumbrado su cuerpo a estar en forma, listo para la batalla.

Lo veremos saltar como una fiera, golpeando sin desfallecer, dejando el aliento, empujando con todo, mostrando que su corazón lo mueve todo, que se puede ser fiero si el físico se agiganta. Nadie duda que buscará una nueva noche de grandeza para acabar con tanto escepticismo, el momento se acerca y ya no hay tiempo para tener miedo.