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Antes del aterrizaje de Cheslor Cuthbert, solo dos peloteros nicaragüenses habían saltado a las Grandes Ligas fuera del laberinto de las incertidumbres, es decir, con cierto factor de seguridad sobre su establecimiento: Dennis Martínez respaldado por su todavía humeante Triple Corona en las Menores, y David Green, quien había capturado todos los elogios imaginables antes de ser involucrado en el ruidoso canje realizado entre los Cerveceros de Milwaukee y los Cardenales de San Luis. El primero terminó siendo un éxito, con algunas referencias históricas, en tanto el otro, se quedó corto en las consideraciones.

Después de firmar por millón y medio de dólares, la cifra más elevada recibida por un nica, Cheslor quien debutó en el 2015, estando en acción en 19 juegos, pareció ser un “pónganle sello” en el 2016 registrando 274 puntos en 475 turnos, disparando 12 jonrones, pero afectado por una serie de factores, se vio trabado en el 2017 y 2018, antes de iniciar el 2019 en las menores, hasta ser llamado el 31 de mayo como reemplazo de Hunter Dozier, antesalista y su mejor bateador en ese momento.

Es versátil y batea

Igual que ha ocurrido con la jefatura de Kansas, Cheslor nos ha entusiasmado desde su ascenso con su bateo constante y productivo, asegurando titularidad en el line-up de un equipo oscurecido, a casi 30 juegos de Minnesota en el centro de la Liga Americana. El 1 de julio, después de 26 juegos y haberse sostenido cuatro fechas sobre los 300, el pelotero en ruta hacia los 27 años, se deslizó a 299 puntos. A partir de ese instante, su batalla ha sido atractiva disparando ocho jonrones y empujando 31 carreras, pero en los juegos de viernes, sábado y domingo, contra el picheo de los Tigres, falló 12 veces retrocediendo a 278 su average, el más bajo en los últimos 31 juegos, pero la posibilidad de arañar los 300, continúa latiendo.

Juan Carlos Ramírez a cerrar fuerte la temporada de Grandes Ligas. Archivo/END

La versatilidad de Cheslor es un arma importante, siempre que puedas ofrecer suficiente aporte en el cajón de bateo. Siendo utilizado en tercera y primera base con la necesaria solvencia, el nicaragüense resuelve como intermedista y también en los jardines, agregando la opción como bateador designado. La expectativa es verlo terminar en 300 o muy cerca, aún sin las 502 apariciones requeridas para ser oficial.

Dos brazos bajo la lupa

Juan Carlos ya debería estar establecido, sobre todo en un equipo tan necesitado de picheo como el de Anaheim, pero la intervención quirúrgica, la recuperación y restauración del contacto con la zona de strike, le tomaron tiempo. Su balance de 11-10 en el 2017 con 24 inicios, ha sido lo más alentador, pero la fatalidad lo golpeó en el 2018 obligándolo a salir de escena después de dos derrotas sin tiempo de montar en su caballo. Ahora ha regresado sin alardear, pero sereno, con un boleto en siete entradas y permitiendo tres carreras limpia, con 6 hits y 4 ponches. En una rotación sin ningún pícher con más victorias que derrotas y todos con efectividades preocupantes, Juan Carlos puede terminar como abridor.

Impresionando con su regreso a velocidades de 96, 97 y 98 millas, Jonathan Loáisiga, está a un paso de su regreso con los Yanquis. El espacio disponible, con o sin Luis Severino, está en el relevo medio después de haber iniciado la campaña con tres aperturas y un relevo, registro de 1-1 y 4.50 en carreras limpias. De mostrar su utilidad, podría ser el único nicaragüense en la postemporada. Sin cerrarle las puertas a Erasmo Ramírez, estos son los tres nicas depositarios de grandes expectaciones en las últimas semanas.