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El hit mil de Jilton Calderón ha reactivado la imagen siempre visible de Nemesio Porras. El colega Gerald Hernández nos recuerda que con casi 27 años en 1995, Nemesio, el jugador más carismático que hemos visto en las décadas recientes, ha sido el más joven en llegar a la gran cifra, lo que obliga apuntar algo obvio y es que la dimensión por él alcanzada en nuestro beisbol, va más allá de cualquier logro. Fue una suerte verlo en acción a lo largo de su fulgurante carrera.

Cuando Nemesio Porras disparó su hit mil en febrero de 1995 frente a Yader Soto y los Leones, escribí: ‘El suspenso nos apretaba a todos incluido al propio Nemesio, que como es natural, se sentía atraído hacia la hazaña. En su primer turno, con conteo de 2-2, roleteó hacia la inicial tomando base por error de Sandor Guido, pero en su siguiente presencia frente al plato, después de dos lanzamientos bajos, Soto se atrevió con una bola rápida a la altura de la rodilla. Porras puso en movimiento su maquinaria muscular con esa mezcla de reflejos, flexibilidad, visualización y muñequeo preciso. El proyectil viajó hacia el jardín central y picó superando el esfuerzo desesperado de Juan Torres que parecía estar en posibilidad de la gran atrapada, con el público empinado sobre la emoción que ser testigo de una proeza provoca.

En ese momento, se agregó como el número 13 en la lista de los mil hits, sobre las huellas dejadas por bateadores del calibre de Ernesto, Julio Mairena, Polín, Calixto, Medina, Panal, Cayetano, Arnoldo, Cabrera, Pablo, Álvaro y Lampson. Hace 24 años, Nemesio aterrizó en esa pista, solo para aviones “Boeging” caseros.

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Cifras deslumbrantes

Ahora Jilton Calderón, una de las figuras cumbres de la nueva generación de bateadores pinoleros, descifrando a Félix Zeledón es el número 59 con mil hits, mientras continúa su proyección aquí y también más allá en los eventos internacionales.

Regresando con Nemesio, sin exagerar, dejó atrás todas las expectativas que se fabricaron a su alrededor. No fue su pretensión y como señalé en otras ocasiones, al igual que el legendario “Caballo de hierro”, Stanley Cayasso, otra figura histórica y símbolo en aquellos tiempos, aplicó a su silencio, la elocuencia de sus ejecutorias.

En el cajón de bateo, este zurdo indomable, capaz de atravesar por 19 temporadas sobre los 300 puntos, dueño de un porcentaje de por vida de 354 en 5,008 turnos, disparando 1,772 imparables, con cinco temporadas más allá de los 400 puntos y la conquista de cuatro títulos como Más Valioso, daba la impresión de golpear siempre la pelota con precisión sobre cualquier tipo de lanzamiento. Sus turnos al bate memorables contra Martín Polanco y Vicente Padilla, disparando jonrón y doblete, destacan en su “Museo” y nuestra memoria.

Asombró con su guante

Consideremos que fildeando fue un fuera de serie, como no he visto otro alrededor del primer costal, con excepción del fenomenal Lou “El garrobo” Vasser y el brillante Julián Castro, dos importados de gran rendimiento en la vieja Liga Profesional.

La atrapada realizada por Nemesio en aquella final casera como refuerzo del San Fernando, y la acción astuta, efectiva y paralizante frente a Panamá en los Panamericanos de Buenos Aires en 1995, en la conquista de la última medalla de plata del beisbol pinolero, son solo dos de los recordatorios grandiosos de su desempeño defensivo.

Cómo olvidar que fue factor de seguridad en el Mundial de 1990 realizado en Edmonton, cuando con Antonio Zárate en tercera, Bayardo Dávila en el short stop y Julio Medina en segunda, se multiplicaron los doble plays.

¿Y qué decir de su incidencia, tanto con el Bóer como con la selección nacional? Un factor estimulante de gran significado en el terreno, en años de desborde incontrolable alrededor del beisbol local… El bateador que resolvía los sliders filosos, las curvas desconcertantes, las bolas aceleradas y cualquier tipo de engaños, fue una escogencia segura para el Salón de la Fama. Nunca dijo “soy el mejor”, simplemente lo fue.