• Managua, Nicaragua |
  • |
  • |
  • AFP

Llamadme Ismael, así comienza la famosa novela de Herman Melville, Moby Dick. Quizás cuando José Nápoles salió de Cuba en busca de la grandeza boxística y aterrizó en México para ponerse a las órdenes de Cuco Conde y Kid Rapidez, les dijo: “Llamadme Mantequilla”, por ser un boxeador escurridizo, difícil de descifrar, atrevido hasta la temeridad y muy talentoso. Bien adiestrado, “Mantequilla”, quien murió el viernes en su México querido, derrotó en 1969 a Curtis Cokes coronándose Campeón Mundial Welter de la AMB. Fue ese el inicio de una gran historia, cargada de peleas memorables, algunas sangrientas, estrujantes, dramáticas, sobre todo las tres últimas, dos victorias contra el intenso, tenaz y peligroso “toletero” Armando Muñiz, y la estrepitosa derrota por nocáut técnico frente al británico John Stracey en la Plaza de Toros de Ciudad México, el 6 de diciembre de 1975. Nunca más volvió a ser visto entre las cuerdas cambiando metralla, tratando de desplazar cortinas de sangre que muchas veces, saliendo de sus cejas, le impedían fijar bien al enemigo.

FATAL ATREVIMIENTO

Al momento de fallecer con 79 años, el nativo de Santiago de Cuba, vivía, o mejor dicho luchaba ya sin desesperación por sobrevivir en la extrema pobreza, en Ciudad Juarez. Viejo de vejez, había dejado de ser el hombre fácilmente identificable en su época de esplendor, cuando su “esgrima” boxística, tan apreciada por las multitudes, le permitió llegar a ser considerado el mejor peso welter del planeta…Perdió y recuperó el cinturón welter con Billy Backus y después de realizar seis defensas dejando establecida su superioridad en el casillero de las 147 libras, aceptó en 1974 la oferta de enfrentarse al demoledor argentino Carlos Monzón, saltando hasta las 160 en mediano, lo que equivalía a un tour por los círculos del infierno que nos grafica Dante…La pelea organizada por el famoso actor francés Alain Delon, fue promocionada de tal forma, que hasta se le llegó a conceder posibilidades a Nápoles, superado ampliamente en peso, estatura y alcance, frente a un rival de la dimensión de Monzón, quien ganó una peleaabreviada sin atravesar dificultades.

TRISTE Y AMARGO FINAL

En 1981, estando en una taquería en la Zona Rosa de la capital azteca con el colega Antonio Hernández, jefe de boxeo del diario Esto, vi a “Mantequilla” en un estado de alarmante deterioro. Su aspecto era lastimoso, esperando ser reconocido por alguien que le patrocinara una enchilada. “Derrochó todo lo que ganó y ha quedado en la calle”, me dijo Antonio, dueño de una pluma brillante, quien murió hace unos años, recordándome la frase lapidaria del columnista Manuel Seyde, valedera en aquel tiempo: el dinero ganado el el boxeo, parece ser un dinero maldito, se esfuma…En su despedida, Stracey lo destrozó sin piedad provocándole heridas en su rostro. Nada que ver con el peleador que le llamaban “Mantequilla” por su boxeo magistralmente resbaladizo. Sus reflejos no respondían y su golpeo había perdido poder y precisión. De José Angel Nápoles, nos queda el recuerdo de sus grandes peleas, y obviamente un sitio en el tabernáculo reservado a quienes fueron grandes figuras. Durante sus últimas peleas, todas con un exceso de sufrimiento, sudor y sangre, ya no estaban en su esquina Cuco Conde y Kid Rapidez. Los extrañó.