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De todos los golpes que ha recibido el boxeador en retiro, Hidelfonso Antonio Nicaragua Gómez, son dos los que recuerda cada día.

Uno es que la medalla de bronce que ganó en la categoría de las 165 libras en boxeo en los Juegos Panamericanos de 1975, la primera en la historia de Nicaragua, está perdida desde hace más de 40 años.

El segundo golpe, según dice, es que el Estado de Nicaragua nunca le ha reconocido la gesta por haber ganado esa medalla.

Este año, en su natal Catarina, el expugilista, entrado en años, canas y peso, estuvo dos semanas sentado frente al televisor, viendo los Juegos Panamericanos Lima 2019.

Nostálgico, tal vez con los puños cerrados en más de una ocasión, Nicaragua Gómez recordaba aquel 1975 en México, cuando estaba sobre el ring, ganando combates y perdiendo batallas.

A sus 71 años, Nicaragua Gómez pasa desapercibido en la historia del deporte nacional. Pero no siempre fue así.

Inicios en el boxeo

A sus 10 años sus padres se lo llevaron de su natal Catarina a Managua, donde se abrazaría al boxeo.

Uno de sus primeros acercamientos al mundo de los golpes ocurrió en los años 60, cuando el legendario Eduardo “Ratón” Mojica, conocido como “el campeón sin corona”, le enseñó un par de trucos para defenderse del bullying.

Hildefonso Nicaragua Gómez desea que el Estado de Nicaragua le reconozca su proeza: haber ganado la primera medalla en Juegos Panamericanos.Daniel Matute/ENDEl jab de izquierda y el gancho de derecha son los primeros movimientos que aprendió Nicaragua Gómez. Lo básico para defenderse en el bravo barrio de Altagracia, en Managua.

Su deseo para perfeccionarse en el boxeo nació cuando en una pelea en la Casa del Obrero observó cómo el boxeador Fran Medina noqueó a otro hombre.

De un solo golpe emocional, Nicaragua Gómez entró a la Escuela Nacional de Boxeo, que funcionaba en las instalaciones del antiguo estadio nacional de beisbol.

Nicaragua Gómez iba de la mano del “Ratón” Mojica y de su gran mentor, Cali González, boxeador, entrenador y tío abuelo de Román “Chocolatito” González.

Para 1974, debutó como boxeador en Jinotega. Ganó por nocaut en el primer asalto. Luego participó en peleas de exhibición en Carazo, León y Rivas, hasta que representó a Nicaragua en el Campeonato Centroamericano y del Caribe en Guatemala. Allí conoció las derrotas.

Por necesidad y no por orgullo, abandonó el boxeo porque necesita trabajar para mantener a su familia y el mundo de los golpes no era rentable.

El retiro duró poco. En 1975 el secretario de la Federación Nicaragüense de Boxeo (Feniboxa), Orlando Poesí, lo invitó a unirse a la delegación que representará a Nicaragua en los Juegos Panamericanos en México.

Para la época, Nicaragua Gómez tenía alrededor de 6 meses sin boxear y tenía dudas sobre el costo del viaje y, más que nada, su estabilidad laboral.

La Feniboxa le garantizó todo: el costo del viaje y su empleo. El boxeador estaba de regreso.

Pero solo entrenó por 15 días antes de llegar a México. Según explica, la clave de su preparación radicó en la disciplina y las rutinas que había aprendido, como salir a correr por las veredas de la Laguna de Apoyo.

En México y con los guantes puestos, Nicaragua Gómez empezó a recordar con nitidez las lecciones de Cali González para moverse en el ring, los movimientos de cintura para evitar los golpes de sus adversarios, y repasaba las técnicas de figuras del boxeo como el argentino Nicolino Locche y de Muhammad Ali, de quien dice replicó su jab izquierdo y su velocidad.

En México las cosas salieron bien y mal. Su primer triunfo lo obtuvo contra un antillano y admite que lo consiguió gracias al ánimo que le daba su entrenador: “Acordate que vos boxeás, vos sos la esperanza, aquí ya nos ganaron en todo, aquí la única esperanza sos vos, yo sé que vos boxeás y ese negro no boxea más que vos “.

La Feniboxa le garantizó todo: el costo del viaje y su empleo. El boxeador estaba de regreso.

Pero solo entrenó por 15 días antes de llegar a México. Según explica, la clave de su preparación radicó en la disciplina y las rutinas que había aprendido, como salir a correr por las veredas de la Laguna de Apoyo.

En México y con los guantes puestos, Nicaragua Gómez empezó a recordar con nitidez las lecciones de Cali González para moverse en el ring, los movimientos de cintura para evitar los golpes de sus adversarios, y repasaba las técnicas de figuras del boxeo como el argentino Nicolino Locche y de Muhammad Ali, de quien dice replicó su jab izquierdo y su velocidad.

En México las cosas salieron bien y mal. Su primer triunfo lo obtuvo contra un antillano y admite que lo consiguió gracias al ánimo que le daba su entrenador: “Acordate que vos boxeás, vos sos la esperanza, aquí ya nos ganaron en todo, aquí la única esperanza sos vos, yo sé que vos boxeás y ese negro no boxea más que vos “

Boxeó. Golpeó. Y ganó. Hubo decisión unánime y la pelea por la medalla de bronce estaba garantizada.

Su segundo rival era un argentino a quien consideraban de alto riesgo porque ya había vencido al boxeador venezolano Fulgencio Obelmejías.

Las dudas se resolvieron sobre el ring y no con los guantes. Nicaragua Gómez ganó porque Obelmejías, el peligroso, quedó descalificado por un cabezazo.

El nica tenía en la bolsa la medalla de bronce y ahora iba por la de plata.

¿Por qué pierde la medalla de plata?

En la víspera de la pelea por la medalla de plata, Nicaragua Gómez junto con atletas mexicanos visitaron la famosa Plaza Garibaldi.

Allí observó a directivos de las federaciones de boxeo y beisbol, según sus palabras, comiendo y bebiendo a costillas de los atletas.

Confirmó que para los Juegos Panamericanos a cada atleta le correspondía un viático de 50 dólares, una enorme cantidad para la época, pero a él no le dieron un solo centavo.

Molestó, discutió con su entrenador hasta terminar amenazando con no subir al ring a día siguiente. Pero subió. Y perdió. Según dice, lo venció el orgullo y no su oponente.

“Ese brasileño a mí no me ganaba, yo le gané el primer round”, afirma.

Sobre el ring, antes del segundo round, Nicaragua Gómez dice que vio a los directivos apoyándolo y eso le molestó más, por lo que decidió abandonar la pelea.

Cuando regresó a Nicaragua, con la medalla de bronce en su pecho, la primera en la historia de Nicaragua en juegos panamericanos, nadie le hizo caso. Sintió un vacío.

El único que lo buscó, explica, es el entonces presidente del Comité Olímpico, el coronel Adonis Porras, quien lo animó a prepararse para los Juegos Olímpicos Montreal 1976.

Pero no alcanzó en el vuelo, Por sus reclamos públicos ante lo ocurrido en México, las autoridades lo descalificaron y no hubo juegos olímpicos para el héroe anónimo del boxeo.

Sparring del “Flaco Explosivo”

La carrera de Nicaragua Gómez continuó en Centroamérica, en los Juegos Centroamericanos de 1977, en El Salvador.

Boxeó. Golpeó. Y ganó. Hubo decisión unánime y la pelea por la medalla de bronce estaba garantizada.Cortesía/END

Y, a su entender, un momento cumbre en su carrera llegó cuando se convirtió en el sparring de Alexis Argüello, el futuro tricampeón mundial del boxeo y miembro del salón de la fama.

“Cuando gané y me hice boxeador, en el año 77, fui sparring de Alexis Argüello. El sparring de Alexis Argüello era yo, allí que te anden diciendo otros que guantearon, tal vez; pero sparring fui yo, de lunes a viernes”, afirma.

De Argüello dice que era un “tremendo” boxeador, pero no le despertaba temor, pese a que miraba cómo “malmataba” a los rivales.

“Yo me fajaba porque sabía boxear, Alexis era un pegador a la media distancia, pero lento, un boxeador rápido le ganaba a Alexis”, explica.

Para Nicaragua Gómez, los estilos de Alexis Argüello y Román “Chocolatito” González son incomparables. Resalta la elegancia del Chocolatito en sus peleas, porque sigue una filosofía del boxeo de pegar y no dejarse golpear.

En el olvido

44 años después de ganar la medalla de bronce, Nicaragua Gómez critica que el Estado no lo haya reconocido. Ni siquiera la Federación de Boxeo lo ha hecho.

“Yo soy muy nicaragüense y manejo el nacionalismo, como nicaragüense he representado a Nicaragua, en la guerra y en el deporte”, explica.

“Lo único que le pido (al Estado) es un reconocimiento deportivo, porque yo representé a Nicaragua con honor, tengo el mérito de haber ganado una medalla en los juegos panamericanos, la primera, y eso es histórico”, agrega.

Cuando Nicaragua Gómez dice que ha representado a su país en “la guerra y en el deporte” no miente.

En los años 70 se unió a la guerrilla sandinista para luchar contra los Somoza.

En 1978 combatía en Masaya y tuvo que abandonar su casa en Catarina.

Con el triunfo de la revolución, el entonces guerrillero Nicaragua Gómez volvió a su vivienda, pero había sido saqueada y la medalla de bronce había desaparecido.

Intentó recuperar la medalla yendo al Comité Olímpico Nacional, pero dice que no lo atendieron bien y entonces desistió de su misión.

Nicaragua Gómez es capaz de describir con precisión la forma de esa medalla, pero su pérdida es un golpe del cual nunca se podrá recuperar.

Él sostiene que si el Estado le diera, aunque sea, un diploma reconociéndolo como el primer nicaragüense ganador de una medalla en Juegos Panamericanos, se sentiría conforme.

Pero hasta hoy, ninguna autoridad le responde. La medalla de bronce solo vive en sus recuerdos.