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Ocurre de vez en cuando. Los cálculos previos son golpeados con la contundencia de Foreman o Tyson. ¿Quién iba a pensar que veríamos a los compactos Dantos en serias dificultades frente a un equipo pequeño como el Jinotega? Considerarlo hubiera sido calificado como disparate.

No es un señalamiento drástico de subestimación, es lo que indicaban con la claridad del sol al medio día, las cifras y las valoraciones. Una diferencia de casi 200 carreras (469 por 275), 55 cuadrangulares (70 por 15), 75 puntos en average (.340 por .275), gran superioridad en el picheo (3.44 por 4.52), y mayor cantidad de figuras desequilibrantes, termina con cualquier discusión, excepto con lo imprevisto.

Antes de iniciarse la serie, el vaticinio a favor de los Dantos, era tan sencillo como un huevo de paloma, pero los norteños lo complicaron ganando asombrosamente dos juegos seguidos después de ser noqueados, haciendo ver a los capitalinos tan vulnerables que se llegó a temer, que en su aturdimiento, fueran “decapitados” el miércoles en Jinotega.

El recuerdo de aquellos Yanquis

Ese temor resultó infundado. Los Dantos llegaron en pie de guerra y noquearon por segunda vez a los locales, saliendo del hoyo y nivelando la serie.

La posibilidad del milagro norteño no ha desaparecido, pero obviamente quedó debilitada por el 11-0. Cierto, no es la diferencia en los marcadores, sino la suma de resultados, lo que decide.

END

En la histórica Serie Mundial de 1960, los Yanquis de Maris, Mantle, Skowron, Berra, Howard, Kubek, Richardson, McDougal y Eddie Ford, eran claros favoritos sobre los Piratas de Clemente, Vernon Law, Bob Freind, Dick Groat, Don Hoak y Bill Mazerowski. Los Piratas sorprendieron adelantándose 6-4 en el primer juego, antes de ser aplastados 16-3 en el segundo y 10-0 en el tercero.

Todo parecía escrito, pero los Piratas ganaron 3-2 y 5-2, colocando a los Yanquis contra las cuerdas. Con Ford, los Yanquis empataron la serie con otra paliza 12-0 y en el séptimo y crucial juego, ganaban 7-4 antes de la explosión de 5 carreras de los bucaneros en el cierre del octavo.

Atrás 7-9, los Yanquis empataron en el inicio del noveno, pero en el cierre, con el jonrón de Mazerowski, quedaron tendidos. No sueñan los jinoteganos con algo así, épico, sino con ganar de cualquier manera.

¿Será capaz Elías?

Todo depende hoy del zurdo Elías Gutiérrez, dueño de la mejor escopeta norteña, ganador de 10 juegos con 3 reveses y 3.19 en efectividad, quien hará frente a Carlos Teller, también zurdo, de casi 33 años, con una vasta experiencia, capaz de responder a las exigencias de una batalla decisiva contra cañones pequeños, pero con tendencia al descontrol.

El reto de Gutiérrez es mayor porque no cuenta, ni con el respaldo ofensivo que podría tener Teller, ni con la solvencia defensiva que ofrecen los Dantos, y tampoco con el funcionamiento colectivo de los capitalinos. Por lo tanto, necesita Elías un picheo enérgico que mantenga apagados los bates de Mendoza, Alegría, Ofilio, Elmer, Renato, Garth y Estrada.

Si todavía no creemos que el Jinotega le haya ganado dos veces a los Dantos, se imaginan el asombro que provocarían los norteños con un tercer triunfo, eliminando al gran favorito…Por supuesto que sería algo hermoso, significativo y meritorio, a cambio de sacar de pantalla al mejor equipo que podemos ver en nuestra pelota.

No importa para el Jinotega qué hay más allá. Lograr ese milagro sería más que suficiente para jactarse de un gran año, quizás irrepetible y naturalmente inolvidable. Sin embargo me pregunto, tanto al acostarme anoche como al levantarme hoy: ¿Cómo dudar de los Dantos? No tengo motivos.