• Managua, Nicaragua |
  • |
  • |
  • Edición Web

El primer partido, dentro de lo perezoso y lo extraño, resultó interesante más allá de polémicas que todavía resuenan en todos los rincones.

En algunos momentos, el buen beisbol fue “acuchillado”, pese a estar frente a frente dos de los tres mejores equipos del Pomares, de quienes se espera algo de brillo. No se puede ser tan indiferente como lo fue William Rayo, malogrando una gratuita, pero necesaria posición anotadora, por no correr.

A diferencia de Carlton Fisk con Dion James en un episodio histórico, Janior Montes no regañó enérgicamente a Rayo por no haber llegado a jugar el juego como se debe. Que dos dobles consecutivos no produjeran una carrera de tanta importancia para los Dantos fue culpa de la tontería de Alegría, mal moviéndose entre las bases.

Agreguen entre las rarezas, dos equivocaciones en fallos antidantos, un pobre picheo de los abridores y un excesivo descontrol fabricando dificultades desde la nada.

Me despertó Estrada

Tengo que agradecer el jonrón de Estrada que me despertó cuando mi ánimo estaba tambaleante viendo tanta inutilidad. Ese salto del 3-3 al 5-3 hizo creer que el final de juego estaba sellado.

No fue así. Contra un Bucardo usado irresponsablemente, en vista de mostrarse afectado, según se dijo de un problema cardíaco, que obviamente no tiene nada que ver con un dolor que puede disimularse en cualquiera de los dedos de los pies, el Bóer estuvo a punto de forzar un tercer empate, si Montes y el peligroso emergente Robles no fallan con un corredor en tercera y la pizarra 5-4.

Todos sabemos que estos dos equipos tienen capacidad y disponen de los ingredientes para jugar un mejor beisbol, y esta noche pueden ofrecer una prueba de eso, si el posible abridor de la tribu, Braulio Silva, responde como retador del zurdo Carlos Téller, y si este puede lucir tan bien como fue visto contra Jinotega, un equipo menor que estaba inspirado.

Un timbre para ofilio

No esperamos ver hoy al campeón bate Ofilio Castro, viendo pasar tres lanzamientos, dos mal juzgados como bolas fuera de la zona, como lo mostraron las repeticiones, y el último, mortífero, dibujado, todos apropiados para ser atacados y poncharse en el octavo con la carrera de la ventaja en posición anotadora, después de haber perdido otra gran oportunidad en el sexto con dos circulando.

Ofilio es el bateador que ningún pícher quiere enfrentar, pero a veces, necesita tener a la orilla un timbre que lo active. Lo que esperamos es un duelo cargado de incertidumbre como lo fue el primero, pero ágil e intenso.

Del resultado depende el interés en el futuro de esta semifinal. Si el Bóer no puede nivelar la serie, intentar voltear un 0-2 será tan poco probable como lo hubiera sido intentar sacar a Pompeya de los escombros y ponerla de pie inmediatamente.

Puede ser que para el tercer juego, el corazón de Bucardo esté sereno y su brazo dominante