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Impresionante. Juan Palacios se dedicó a lanzar golpes toda la noche, a todo el cuerpo de Erick Ramírez, sin piedad, implacable, dominante y dejando claro que no es un boxeador de la casualidad, sino que ha evolucionado tanto que más allá de sorprendernos, nos entusiasma.

Presionó desde que sonó la campana, atacó sin pausas en una fiesta de golpes, mientras Ramírez bailaba una danza de muerte tratando de sobrevivir a ese ataque lleno de precisión y furia. En el noveno asalto empezó a escribir la historia cuando mandó a la lona al mexicano con dos derechas en fila.

En el décimo acabó con su obra de destrucción al recibir con un cruzado mortal a su oponente, provocando que el referee le pusiera fin a la masacre o mejor dicho a una derrota humillante. Palacios se arrodilló y oró como es su costumbre.

Palacios hizo una pelea mental, destructiva, llena de variedad; mostró su técnica, su velocidad y poderío en los golpes que fueron al cuerpo; una puntería de francotirador cuando se trató de atacar la cabeza. Ramírez resistía, pero era un boxeador con escasez boxística, sin poner en peligro al nica.

Después de ocho asaltos, el mexicano sólo había ganado uno. Era como si estuviese en la oscuridad y en medio de una balacera. Por si fuera poco y para dejar muy clara su condición física, el nica no se sentó en su banquillo mientras duró la pelea.

Para ponerle más brillo a su triunfo, se dio el lujo de pelear el sexto round solo bloqueando golpes y tomándose el aire que necesitaba para seguir su obra de demolición. Además que en dos ocasiones salió a pelear con guardia zurda como si sintiera que su rival no podía ponerlo en aprietos.

Fue una pelea clarísima, sin fisuras, que mostró a un Palacios inclemente en lo que a lanzar golpes se refiere, lo hizo con puntería, boxeando adelante, en el contragolpe o defendiéndose en las cuerdas. No le dejó ninguna oportunidad a Ramírez de sacarle un milagro.

La quijada de Ramirez crujió varias veces, su cuerpo estaba abollado y no tenía piernas para seguir peleando una guerra perdida desde muy temprano. El nica nos dejó una sensación firme de que puede ser un demoledor, que puede crecer en esta categoría como un grande, en la dimensión exagerada que usted lo imagine.

Con la pelea que hizo anoche, ni peleando en el patio de la casa de Ramírez le sacaban esa victoria por puntos, pero para no dejar dudas puso fin al calvario enterrando las esperanzas de su rival.

¿Qué decimos ahora, los que hemos sido escépticos con su boxeo? Después de anoche, tendremos que darle más oportunidades porque ciertamente es capaz de todo, hasta de mover montañas como su fe.