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Hay series que escapan a la imaginación, saltando espectacularmente por encima de las expectativas, ridiculizando lo imprevisible y hay batazos como el de Edgard Montiel, que inmovilizan el presente y lo golpean tan furiosamente, que hacen girar el futuro al revés, transformando lo que parecía un hecho.

Sin ese trancazo de Montiel contra Claudio Hernández, el asombro hubiera permanecido oculto, al ser barridos los Indios en tres juegos. Montiel lo cambió todo. Los Indios, que habían batallado con tanta bravura, salieron del rincón de los escombros y fabricaron algo considerado improbable: tres triunfos seguidos. Los recuerdos de esos cinco juegos, como los de épicas batallas, quedarán grabados en el mármol de lo imperecedero.

El picheo en harapos

Entre las tercas columnas de humo que se levantan en el Dennis Martínez, han quedado los trazos dejados por los héroes deportivos, esos que los abuelos señalarán a los niños y la visión de las tumbas. ¿Qué pasó con el aporte que se esperaba de Elmer Reyes? Empujó carreras con un boleto y un golpe. Nada que ver con alguien incidente.

3 juegos seguidos ganó el Bóer a los Dantos para llevarse su llave de semifinal. Archivo/END

¿No eran Jorge Bucardo y Carlos Téller los factores de seguridad que el bateo indio no podría resolver? Fue una serie con el picheo en harapos. Róger Marín, el ganador de 17 juegos, solo tuvo tranquilidad en dos entradas…El brazo más efectivo, aunque finalmente derretido, fue el de Braulio Silva, quien consiguió una racha de ocho ceros en dos aperturas…Jimmy Bermúdez se acostó y se levantó calentando cada día, siempre listo, sin ser algo seguro. Ningún tirador convenció, ni Bucardo.

¿Qué más exigir?

La utilidad de Wuilliam Vásquez volvió a ser indiscutible. Es el pelotero que todos quieren tener…Sandy Moreno con el Bóer en erupción, levantó su voltaje, y Juan Carlos Urbina supo responder como amenaza…Funcionando arriba, Janior Montes fue un éxito, pero como lead-off, Bismarck Rivera no fue visto ni cerca del estadio.

. Los Indios, que habían batallado con tanta bravura, salieron del rincón de los escombros. Archivo/END

Jordan Pavón quitó la preocupación por la ausencia forzada de Robles, quien en el último instante del último juego salió del banco cojeante para matar a los Dantos…Ofilio y Renato ejercieron gran presión, pero pocas veces al mismo tiempo, en tanto, la lluvia de bases por bolas y golpes multiplicaron las oportunidades.

¡Fue catastrófico!

Tres juegos decididos en el último turno al bate, una victoria aplastante con seis jonrones indios, la inseguridad prevaleciendo, mientras la furia, la excitación y la locura, en un abrazo de acero, corrían desbocadas. Era una exageración pedir algo más.