Edgard Tijerino
  •  |
  •  |
  • END

West Palm Beach

Lo más grandioso del deporte es lo engañoso. ¡Cómo diablos saber cuando lo que supones pueda ocurrir, será una certeza!. Patterson vencido por Johanson -¿quién iba a pensarlo?-, el inglés Cooper tumbando a Muhammad Alí, aquellos Dodgers cojeantes humillando a los todopoderosos Atléticos de Canseco y McGwire en 1988, Brasil hecho astillas en el Mundial de 1966, Orantes saliendo del ataúd para estrangular a Vilas Connors en aquel Forest Hills de 1975.

Así que, no deberíamos extrañarnos de lo visto en el cierre de la NBA en este 2009. El Magic de Orlando, equipo jefeado por el ímpetu y la espectacularidad de Dwight Howard, conocido como “Superman”, eliminado a los grandes favoritos Celtics de Boston y Cavaliers de Cleveland en las etapas semifinal y final de la Conferencia del Este, enfrentó a los inestables Lakers, que lograron salir milagrosamente del hoyo en la semifinal del Oeste contra unos Rockets de Houston, “amputados” por la pérdida de sus grandes pilares, Yao Ming y McGrady, antes de superar en medio de contrastes provoca alarmas a los Nuggets de Denver.

¿Qué tan grandes podían ser vistos los Lakers, por un equipo capaz de haber superado dos obstáculos tan exigentes como Celtics y Cavaliers?. Se esperaba una serie muy intensa, con cierta duda: la falta de experiencia de Orlando y de su líder Dwight Howard.

Se impusieron los Lakers en sólo cinco juegos haciendo valer el peso de su madurez, con la veteranía y destreza de Kobe Bryant, y la firmeza y crecimiento de Pau Gasol, como factores claves en un colectivo muy funcional que contó con los momentos de Bynum, la incidencia de Fischer, la astucia de Arazi y la presencia de Odom.

Aún el desequilibrio por 4-1, después de la paliza 100-75 propinada por los Lakers en la primera batalla, es engañosa. Si Courtney Lee acierta aquel intento junto al cesto en el segundo juego, cuando el silbato final estaba por sonar con la pizarra 88-88, los Lakers nunca hubieran estado 2-0 en la serie, y viajar a Orlando 1-1, era algo diferente; si Howard no falla ese tiro liso con ventaja de 3 puntos en el cierre del cuarto juego, y casi de inmediato, vuelve a fallar realizando dos tiros libres, el triple de Fischer no habría sido trascendente y el tiempo extra “marca-Gasol”, se hubiera esfumado.

Es decir, nos estaríamos preparando para el sexto juego con ventaja de Orlando 3-2 y la serie en el aire. Ah, mi abuelita con un patín nunca se hubiera cansado. Lo cierto, como diría Sergio Ramírez, es que “Superman” Howard también muere, como ocurrió con el Charles Atlas de su formidable cuento.

Ni Charles Atlas existía ni Howard es “Superman”. Se trata de un jugador joven con facultades excepcionales en proceso de evolución, y pronto en ebullición. Sólo hay que esperar que llegue ese momento.


dplay@ibw.com.ni