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Con un balance de 2 victorias y 2 empates en el arranque de la Liga, y convulsionado por la goleada de 3-0 frente al París Saint German sin Neymar, Mbappé y Cavani, el Real Madrid es presentado en pantalla como un “rompe-cabezas” necesitado urgentemente de una “transfusión” de jugadores de verdad para poder volver a ser tan grande como lo fue, o por lo menos, en una aproximación.

Se publican unas cifras que lo condenan, como menos victorias que el año pasado, menos goles, más dardos recibidos, menos pases acertados, y un alarmante decrecimiento en llegadas y disparos, con grietas agrandadas en la defensa, colocando a Zidane, un anterior fabricante de resultados estupendos en duelos cumbres, altamente “pontificado” entre la euforia, en el epicentro de un pesimismo taladra ilusiones, exigiendo algo imposible: otro Cristiano, como si fuera sencillo conseguir una fotocopia del portugués destructivo, capaz de entrar a Troya sin necesidad de ocultarse en un caballo, disparando desde todos los ángulos y distancias, derribando murallas.

No se ven huecos

Revisando el plantel de los otrora “Ángeles blancos” de John Carlin, uno se pregunta: ¿Realmente se ve Zidane tan desarmado frente al gigantesco reto de restaurar la grandeza del Madrid? Hay equipos como el Liverpool, el Manchester City, el Ajax, el Juventus, el Bayern y el PSG, que demostraron que aún sin ninguno de los dos fenómenos, Messi y Cristiano, eran temibles. Incluso, ya con el portugués el Juventus no pudo ir hasta la final de la Champions, dónde había estado.

Con un balance de 2 victorias y 2 empates en el arranque de la Liga. Archivo/END

El belga Curtois fue el mejor arquero de la última Copa del Mundo; en la defensa, el intenso Danny Carvajal, dueño de suficiente destreza, ha sido considerado uno de los mejores del planeta por su tránsito por la banda derecha retrocediendo y proyectándose, características de Marcelo por la izquierda tanto con el Madrid como con Brasil; en el centro, Rafael Varane, del Campeón Mundial Francia, fue All Star de la reciente Copa, y Sergio Ramos, es de indiscutible utilidad por su oficio, experiencia y bravura, un obelisco en el fondo de la Selección de España. Deben recuperar su nivel.

Es natural exigir más

En el centro del campo, Luca Modric, calificado como super incidente, es el ganador del último Balón de Oro por encima de Messi y Cristiano; Casemiro es vital en el funcionamiento de Brasil y del Madrid; Toni Kroos ha sido un “maestro” de geometría con sus trazados asombrosos y sus incorporaciones, en tanto James, el colombiano, de brillantez con su selección y con un curso de dureza en el futbol alemán, es buscado por muchos equipos.

Y adelante, con Vinicius en proyección, atento para entrar en cualquier instante, están Benzema un tigre en el área; Gareth Bale, el gran pilar de la Selección de Galés, poderoso, veloz y desequilibrante; el recién llegado Eden Hazard, figura cumbre tanto con Bélgica como con el Chelsea, un permanente generador de peligro; y Lucas Vásquez, un excelente cerrador de juegos por su versatilidad.

Agreguen en el banco, a Isco, Eder Militao, Brahim Díaz, Luka Jovic, Nacho y Mendy. Aún con la pérdida de Asensio, no puede Zidane, ni ningún técnico, sentirse desarmado con ese plantel que actualmente a dos puntos del líder Sevilla, su próximo rival, puede ser capaz de ganar la Liga y crecer en la Champions.