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Cuando al puñado de cifras en mano acumuladas durante un año en diferentes eventos, agregas la magia que fabricas con una naturalidad asombrosa sobre el tapete, es difícil negarte el reconocimiennto como “El mejor”.

Lionel Messi ha sido, desde su primera aparición en pantalla un jugador de brillantez cegadora, que con su rendimiento e incidencia de una regularidad casi inalterable, ha sostenido una rivalidad sin precedentes con el portugués Cristiano Ronaldo, un temible atacante de grandeza indiscutida.

Esta vez el duelo no fue entre ellos, porque Virgil Van Dijk, ganador reciente del premio UEFA, se adelantó a Cristiano como segundo en el ranking final, consiguiendo la mayoría de votos de los hombres de prensa, que son los que seleccionan al ganador del Balón de Oro en diciembre, lo cual constituye una seria advertencia para Messi, y obviamente para Cristiano.

Afectado por lo de Ainfield

Cuestionado seriamente por su desaparición en la batalla de Ainfield, cuando el Barcelona malogró una ventaja de 3-0 contra el Liverpool siendo goleado 4-0, y por su discreta actuación en la Copa América, Messi, permanentemente considerado “el mejor del mundo” sin importar quienes se lleven los premios, además de empujar al Barcelona a la conquista del título en España, marcó 51 goles en 50 partidos durante la temporada, fue el campeón goleador de la Champions y aseguró su quinta Bota de Oro.

Al juntar todo eso, los capitanes le concedieron 377 puntos por 337 de Van Dijk y 330 de Cristiano, y los entrenadores 379 por 307 del portugués y 289 del holandés. El argentino tambien se impuso ampliamente en el voto popular con Cristiano segundo y Van Dijk tercero, pero los representantes de los medios de comunicación, otorgaron 462 puntos a Van Dijk, 364 a Messi y 264 a Cristiano.

Un justo reconocimiento

¿Lo merecía Messi? Pienso que sí, considerando que el retador directo era Cristiano, no Van Dijk, y no por subestimar a los defensas, porque vimos a Cannavaro ganar un Balón de Oro, sino por considerar que interrumpir una acción, destruir el juego que vienen construyendo otros, requiere arte, pero no tanto como el construir, fabricar magia, desequilibrar aplicando lo imprevisible, tener mayor urgencia de lo inspiracional, el manejo de trucos y hacer poesía, es más admirable y útil.

No son los futbolistas de más destreza los que se mueven en el fondo. La fabricación de espacios y la búsqueda de la portería contraria, demandan un alto grado de concentración y precisión para abrirse paso entre la espesa jungla que logran organizar los defensores.

Así que, pese a ver a Cristiano responder sin excederse con la Juventus, pero seguir siendo el más temible tigre en el área que se ha visto, le concedo más importancia que Van Dijk, sin duda, el mejor “mastín” de este 2019. Un detalle, Messi incluyó a Cristiano en su tarjeta, y al portugués, se le olvidó el argentino.