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EL PAÍS / END

De forma paciente, España ganó un partido que presentó más complicaciones de las anunciadas. Aunque el sufrimiento le resultó soportable, no fue nada fácil doblegar a Irak. El equipo de Milutinovic fue expecialmente exigente con la roja.

El viejo Bora se las sabe todas, y con quince entrenamientos y un puñado de futbolistas entregados a la causa de defender a su país con una pelota, plantó cara al campeón de Europa. A España le valió con un cabezazo precioso de Villa, una acción que le sirvió para redimirse después de una actuación contradictoria.

El Guaje está y no está, sólo así se entiende que un delantero con su instinto goleador perdonara ocasiones que parecían francas. El trabajo de los futbolistas españoles, en cualquier caso, fue muy loable ante una dignísima selección iraki que peleó hasta el final por el punto que buscaba.

Movimientos propios de los equipos trabajados, buenas coberturas, basculaciones ordenadas, excelente presión en las situaciones de superioridad y técnicamente exquisitos. Irak disputó el partido sin concesiones desde el inicio hasta el final. Ya lo avisó su entrenador: los iraquíes ya no le temen a nada. Trabajadores y solidarios, los chicos del serbio Milutinovic pelearon como acostumbran los que no tienen nada que perder y no se achican. No se puede jugar con mayor honestidad. Dicen que no hay un solo jugador de la selección que no haya perdido a un familiar en la guerra. Partiendo se esa base, el 1-0 final es una deportiva lección al mundo.

Es difícil, en cualquier caso, que Milutinovic utilice más defensas en una misma alineación. Ayer mandó al campo a cinco, consciente de que no tenía otra solución que bloquear el paso a los españoles. Y, por delante, añadió una segunda línea de cuatro, para rematar la formación con un punta, el clásico palomero.