Edgard Tijerino
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El hundimiento inesperado de Jimmy González contrastó con el cierre huracanado de Juan Oviedo, quien disparó nueve hits en sus últimos 12 turnos, para arrebatarle al agitado “tiburón” el cetro de bateo que acarició por tanto tiempo y que parecía tenerlo en el bolsillo.

Hay cierres que nunca se olvidan, como aquel que protagonizaron Julio Medina, Julio Mairena y Jaime Miranda, en un torneo especial, haciendo esperar el último turno de cada uno de ellos, o el que le ganó Julio Medina a su compañero de equipo Arnoldo Muñoz en un final inesperado. ¿Y qué decir del logrado por Henry Roa recurriendo a machucones de pelota, o la batalla que le ganó Nemesio a Próspero con el último swing?

Quizás el cetro de bateo menos gracioso que hemos visto desde que se reestructuró el béisbol nacional en 1970, fue precisamente el de ese año, con sólo un bateador sobre los 300 puntos, Cirilo Herrington, sacándole más de 20 puntos al sublíder Faustino Cortés.

¿Alguien esperaba esa erupción de Oviedo y el derretimiento de Jimmy? No, no lo creo, pero ocurrió, y el título cambió de dueño.

En pitcheo, la figura cumbre, de punta a punta fue Armando Hernández, del Granada, pese a que no logró la triple corona por culpa de Álvaro López, el derecho de los Indios que registró 1.23, por 1.44 del granadino, líder en victorias con 15, por sólo dos reveses, y ponchando a 104 en 137 entradas un tercio.

Impresionó Diego Sandino, un veterano que fue ganador de tres coronas, trabajando en la campaña 171 innings, y ganando 13 juegos con 2.37 en efectividad.

El líder jonronero fue Esteban Ramírez, del León, con 17, finalizando además como tercer mejor bateador y tercer impulsador con 62, detrás de Oviedo (67) y Fredy Chévez (63).