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Nadie se lo esperaba, ni siquiera los propios aficionados estadounidenses. Para quien no viera el partido, resulta muy complicado explicarle cómo la campeona de Europa puede perder de esta manera con una selección muy discreta y con muchos jugadores semidesconocidos. Sin embargo, hay varias factores y aspectos del juego que explican el fracaso del conjunto de Vicente Del Bosque.

Nervios: El verse tan pronto con el marcador en contra le pesó mucho a la selección. Pocas veces se ha visto a Xavi con precipitación, a Cesc lanzando pases de cuarenta metros o a Torres y Villa queriendo plantarse ante Howard sin una mínima elaboración. Se tocó rápido y mal, sin criterio, con demasiados pases horizontales y con muy poca profundidad.

Lentitud defensiva: El inoperante y fallón Altidore y la bala Davies fueron una pesadilla para Puyol y Piqué. La falta de repliegue de Ramos y el desafortunado partido de Capdevila tampoco contribuyeron a establecer una mínima tranquilidad defensiva. Los estadounidenses apenas tuvieron el balón, y ¡menos mal!, porque cada llegada de los de Bradley era sinónimo de peligro, sobre todo en la primera mitad.

Fallos individuales: Los dos goles de Estados Unidos son el mejor reflejo del mal día de La Roja. En el primero, Capdevila intenta anticiparse a Altidore y se olvida de que es el último defensor asumiendo un riesgo innecesario. Para redondear la jugada, Casillas coloca su guante, muy blando, y un disparo apenas peligroso se convierte en gol. En el segundo, Puyol, Piqué y Capdevila salen al corte sin cabeza para permitir una apertura sencilla a Donovan. En el centro, Piqué no acierta a despejar y a Ramos le da por controlar con tranquilidad un balón en el área pequeña. Dempsey no desaprovecha el regalo.

Sin bandas: Salvo la entrada de Mata en el tramo final, España echó en falta mayor desborde y profundidad por las bandas. Con Cesc de falso interior, las llegadas se centraban en Riera por la izquierda y las incorporaciones de Ramos por la derecha.

Sin chispa: Demerit y Onyewu parecía gigantes al lado del “Guaje” y el “Niño”. Llegaron antes a todos los balones divididos y dejaron claro que la zona aérea era un sitio restringido para los nuestros. Especial mención para el central del Standard de Lieja, que se consagró como un defensa digno de ocupar un puesto importante en algún equipo de las grandes ligas. Faltó velocidad a la hora de buscar el remate y picardía en la anticipación.

Sin alternativas: Estados Unidos acumuló jugadores en la zona central, con Clarke y Bradley reduciendo el espacio entre líneas. Invitó a España a entrar por banda y a jugársela con balones al área. Nos empeñamos en entrar por el centro con combinaciones imposibles, aventuras individuales demasiado arriesgadas y cuando nos dimos cuenta de la necesidad de abrir el campo, los estadounidenses ya habían establecido un muro imposible de derribar.

Remate nulo: La frustración de La Roja a la hora de finalizar fue total de principio a fin. Desde el pase de la muerte que Torres manda arriba a los 11 minutos hasta el golpeo a ras de suelo a la desesperada de Puyol en los últimos minutos. En ocasiones, un centro al que no llegaba Torres o Villa por centímetros. Otras veces, un disparo que chocaba con algún estadounidense que iba al suelo como si se le fuera la vida en ello. Y cuando todo eso fallaba, aparecía Tim Howard. El meta del Everton reivindicó el puesto que perdió ante Egipto y pidió a gritos la titularidad de la final.