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Como si hubiese salido de la bañera después de un pensamiento milagroso, Hubbert Silva susurraba para no exponer el secreto o gritaba para sentenciar sin miedo el de ser descubierto... Después de preguntarse durante una noche de insomnio o de una cavilación desesperante ¿cómo descifrar a Mario Peña?, el manager de los Tiburones celebró con su respuesta.

“Paciencia. Con Mario el arma más poderosa que podemos usar es la que él usa en contra de sus adversarios, si hacemos eso podemos tener oportunidades de descifrarlo”, dijo el manager de Granada antes de enfrentar por segunda vez al Estelí en la Serie Final.

Peña es un pitcher que usa su cuerpo para desconcertar a los bateadores. Se contorsiona como un alambre para soltar una rápida o un cambio, su variedad de recursos es lo que le permite ser tan dominante. No se deja robar la concentración y se adueña rápido del conteo.

“Para un bateador es desesperante tener que medirse a un adversario que te quiere ganar mentalmente el duelo, se toma el tiempo que necesita entre lanzamiento y lanzamiento, pero nosotros vamos a obligados a esperar que se equivoque”, agregó el mentor.

Ahora que el manager tiene la teoría, nadie garantiza que la práctica será un éxito. Saber qué se puede hacer contra un pitcher tan complicado como Mario Peña no es suficiente, hay que hacerlo, el Bóer tuvo tres intentos y no pudo, aunque sabía que el zurdo iba a refugiarse en su paciencia para desarmarlos.

Granada puede estar al tanto de semejante amenaza e incluso del primero al noveno bate armarse de paciencia para descifrarlo, sin embargo, no hay garantía que eso funcione.

Peña tendrá a la fanaticada de su lado, y eso, casi nunca es un elemento en contra. Julio Raudez es rival de jerarquía en este béisbol y en estos momentos en que la presión juega un papel decisivo es la esperanza de los Tiburones para nivelar la Serie.

El bateo ha sido amordazado desde la semifinal, y el primer juego es una señal de que eso no va a cambiar a pesar de que se jugará en un estadio diseñado para los artilleros, pero que en esta ocasión ha sido silenciado.

Muchas veces sabemos qué se debe hacer e incluso se hace, y puede intervenir un tercer factor como es una gran defensa, un hombre bien colocado o una falla del mismo. Por eso este deporte es uno de los más impredecibles y no hay vaticinio seguro.

Peña no escapa de eso y sorprendentemente, aunque nadie lo espera, puede terminar desmantelado con todo y sus jeroglíficos.