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Julio Raudez explotado sin misericordia, el Granada brutalmente noqueado, Hubert Silva gimiendo y sangrando por dos heridas, Róger Guillén brincando y gritando, Estelí agigantado y la tierra temblando. ¡Diablos!, todo ha sido tan sorprendente como espectacular. Y frente a la pizarra que muestra esa aplastante diferencia de 11x1, lograda en el segundo juego de la final, uno se pregunta aturdido por el asombro: ¿qué es esto que estamos viendo?
No, no es ninguna escena surrealista. Un Estelí súper agresivo, arrancó el brazo derecho de Julio César Raudez en las dos primeras entradas fabricándole ocho carreras, que podían haber sido más, si el short de los Tiburones, Iván Marín, no hace una sensacional atrapada de liga grande, sobre el batazo candente de Moisés Flores en ese primer inning de tres carreras, realizando un formidable doble play y evitando más daño.

Hubert pensó que después de ese asalto a mano armada facilitando ventaja de 3x0, Raudez reaccionaría y se fajaría, pero no fue así, el derecho granadino, víctima de un error de Marín sobre violento batazo frontal de Norgen Melgara en el segundo, vio cómo se le abría el piso, y los de Estelí lo agredieron con una fiereza eriza-pelos, fabricando cinco carreras más. En dos monazos, los norteños tenían “enlatados” a los Tiburones 8x0.

El favorito tratando de nadar debajo del agua, boqueando, exigiéndose a sí mismo una explicación. No era lo que esperábamos, pero está ocurriendo. Después de una angustiosa victoria 1x0 en Granada, facilitada por la inspiración de la carabina zurda del chavalo Elvin García, los Tiburones llegaron a Estelí con una sed de venganza mete-miedo, pero el pitcheo zurdo de Mario Peña, sin ser siniestro, fue lo necesariamente dominante para sujetarlos en sólo una carrera, mientras la artillería norteña –-que se tomó un pequeño descanso contra el relevista Róger Marín-- volvió a tronar y terminó de construir el nocaut 11x1 con el doble de Juan Blandón, remolcador de dos carreras.

La última palabra no está dicha, pero no se puede ocultar el significado y peso que tiene esa ventaja de 2-0, lo que obliga al derecho Armando Hernández, el mejor pitcher del torneo, a detener hoy en Granada, con su público, este imprevisto impulso del Estelí con una joya monticular y un estallido, para hacer la “transfusión de sangre” que los Tiburones necesitan urgentemente.

Si Hernández falla, el quejido de todo Granada podrá ser escuchado con una nitidez escalofriante, así que Estelí piensa incluir en su line-up al alcalde, al jefe de Policía y al secretario político, en busca de colocarse a un paso del banderín nunca conseguido.