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Todo ha sido misterioso. El uno y el otro realizaron campañas clandestinas. Ni usted ni yo tenemos la menor idea acerca de sus posibilidades. Adolfo Marenco, quien hace unas semanas tenía la Presidencia de Feniba en el bolsillo, pero tuvo que aceptar una posposición de las elecciones, enfrenta hoy a Emmett Lang, quien ya estuvo en esa posición, dejando muchas huellas, entre ellas aquel “Cayasso” con motivo de la reinstalación de las luces, la presencia del béisbol pinolero en los Olímpicos de Los Ángeles, la organización de aquella transmisión encabezada por Sucre y “El Porteño”, y otros movimientos de singular importancia, durante una etapa de intensa actividad.

¿Quién prevalecerá?, ésa es un intriga viajando a bordo del Expreso de Oriente.

Marenco está intentando llegar a la cima de la montaña, tomar el lugar de Carlos García, y comenzar a hacer historia como dirigente después de haberse estado movilizando con su equipo de apoyo, en el cual destaca la presencia de Nemesio Porras, uno de los símbolos de nuestro béisbol; Emmett, también Presidente del Comité Olímpico, extrañamente se ha mantenido a distancia de lo promocional, depositando toda su confianza en un grupo de activistas que dicen haber estado trabajando sin horario y tener excelentes posibilidades de imponerse con más de 50 de los 94 votos.

No recuerdo una elección en que los aspirantes se hayan estado moviendo tan sigilosamente detrás de las cortinas, como si fueran fotocopias del fantasma de la ópera. ¿Por qué eso? Es como si desconfiaran hasta de sus sombras. Marenco tiene organizado todo su line-up, en cambio Emmett asegura que corre solo, y que el resto de la directiva saldrá del criterio de la asamblea sobre los diferentes candidatos que salten al tapete de las discusiones, lo que abre mayores espacios. Lo esencial es que el maltrecho béisbol pinolero se pueda sentir revitalizado. El sucesor de Carlos García tiene un gran reto frente a condiciones difíciles.