Edgard Tijerino
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dplay@ibw.com.ni
Aunque el número mágico del San Fernando es uno, no le hagan caso. Ayer, con la derrota 28 del Chinandega, se terminó el poco suspenso que quedaba. Pueden tomar tranquilamente su pinolillo.

La única forma de interesar a Agatha Christie y hacerla regresar apresuradamente a su butaca en palco, era que el Chinandega le barriera la serie de tres al San Fernando para recortar la distancia de cuatro y medio a sólo juego y medio, entrando el torneo a su tramo final. Todos estaríamos en la punta de los pies.

Eso no ocurrió y la Ópera se quedó sin fantasmas.

Ha sido una Liga rara. Dos equipos, León y Chinandega, terriblemente inutilizados a 14.5 y 20.5 juegos, han muerto sin necesidad de matarlos; en tanto el Bóer, líder autoritario, parecía una fotocopia de aquellos Indios de Cleveland de 1954, cuando ganaron 111 juegos en un alarde de efectividad no dejando títere con cabeza, mientras el San Fernando, separado nueve juegos, es un sub-líder borroso, muy distante de convertirse en amenaza.

No, no era eso lo que esperábamos cuando se cantó el Play Ball en medio de encendidas expectativas en todos los campamentos. Es más, llegamos a creer que podíamos presenciar un cierre de lo más intrigante.

Otro foul. Con mucha anticipación se conocieron los muertos y los sobrevivientes.

¿Quién iba a esperar que existiera tanta distancia entre uno y otro de solamente cuatro equipos? Al amanecer de hoy lunes, la tabla de posiciones se parecía a un tren con cada uno de sus vagones alejados, como si no tuvieran nada que ver entre ellos.

El público leonés, con su equipo fuera de combate, se replegó rápido. Incluso, el juego de ayer fue cambiado de León para Managua y los que faltan, no representan el menor atractivo para los occidentales. Con un atraso de 20.5 juegos, la directiva de los rugidores tiene un buen rato de estar planeando la próxima temporada.

En Chinandega, la inversión no produjo resultados. Varios de los extranjeros se quedaron cortos y otros despertaron tarde. Vicente Padilla se bajó del caballo y salió del engranaje dirigencial cuando la Liga estaba entrando en calor. En ese momento, después de 14 juegos, el equipo se encontraba a dos pasos del Bóer.

El San Fernando supo frotar a tiempo la lámpara y saltar encima de permanentes problemas financieros. Incluyendo un abandono de terreno como desesperada medida de presión, el equipo de Masaya aseguró su avance, recibiendo a tiempo una urgente inyección revitalizante de parte del Banpro.

Qué desequilibrio más extraño.

Pero todo eso no importa, si la final Bóer-San Fernando resulta espectacular.