Edgard Tijerino
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Durante sus ocho turnos del fin de semana, el batazo más largo de Everth Cabrera contra el pitcheo de los Rockies de Colorado, fue al campo corto. Al amanecer del sábado, registraba .252 puntos, y al acostarse el domingo, estaba metiendo un promedio de .234 debajo de la almohada.

En cada turno, aparecía un gato negro junto a él en el cajón de bateo. No pudo embasarse una sola vez, ni por jugada de escogencia. Su béisbol tan alegre como agresivo, fue súbitamente confiscado, como por un decreto.

Cabrerita había estado asombrándonos con un ritmo ofensivo imprevisto, haciendo resplandecer esa velocidad que lo convirtió en atracción en las ligas menores, y que empujó a los Padres a tomarlo con todas las protecciones que garantiza la Regla 5, sacándoselo del bolsillo a los Rockies.

Precisamente cuando nuestro entusiasmo estaba creciendo, se produce este bajón de voltaje, que lo ha reducido a sólo 4 hits en los últimos 30 turnos. Esto nos coloca frente a un rendimiento ofensivo de apenas 133 puntos en los últimos siete juegos de los carcomidos Padres, el equipo más perdedor de las mayores con 55, rumbo al centenar pese a la presencia del mejicano Adrián González, como un lobo solitario, y esperando por el retorno de Jake Peavy desde el 8 de junio.

Claro, debutando como bigleaguer, Cabrera no se detiene a ver cómo anda la tabla de posiciones para sentirse estimulado en cada turno, en cada lance, en cada sprint. Su motivación siempre está intacta, pero el factor sorpresa provocado con su agitada aparición, se ha estado desvaneciendo, y obviamente hay un mejor conocimiento de sus virtudes y defectos por parte del pitcheo adversario, lo que explica el control que están ejerciendo sobre él.

El sábado, Cabrera se ponchó en el primer inning, roleteó a la segunda en el episodio siguiente con hombre en la intermedia, siguió con un machucón por tercera como primer bateador del quinto, y cerró con batazo al short en el octavo; el domingo, elevó al short sobre el primer lanzamiento de Jason Marquis en el inicio del juego, roleteó al short como último bateador del tercer inning, bateó hacia segunda sin embasados en el sexto, y se ponchó después de un doble play, siempre contra Marquis en el octavo. Ninguna señal de vida.

No escapas a los slumps aun siendo un gran bateador, y en el caso del prospecto pinolero, continúa en un período de adaptación, durante el cual, como apuntamos, la ampliación de la base de conocimientos del pitcheo que lo enfrenta, contribuye a enfriarlo.

Ahí está Cabrerita, a “mecate corto”, buscando naturalmente cómo aplicar ajustes y poder regresar a esa agitación que nos tenía atrapados noche tras noche, como un certificado de rápido crecimiento.


dplay@ibw.com.ni