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Era una tarde gris y triste. Si el Granada no ha llegado, Estelí hubiera encontrado la forma de perder jugando solo. No tengo la menor duda de eso. Fue un partido tenebroso para la afición norteña, como si un maleficio hiciera saltar pelotas de los guantes, las vieran pasar aturdidos, o provocaran sus malos tiros. ¡Diablos! Estelí fue en todo instante un equipo agujereado, mientras los Tiburones construían esa victoria por 11-2, que les permite equilibrar la serie 2-2, contando con el pítcher más difícil de vencer en esta pelota, Armando Hernández, listo para la próxima batalla.

El pitcheo norteño fue atacado consistentemente con 14 cohetes de todo tamaño, excepto jonrones; su defensa cometió ocho errores, la mayoría de ellos con “olor” a harakiri; y su bateo, estuvo casi tan silencioso, como quien en calcetines, trata de fugarse del presente hacia ningún lado. Estoico el público que se quedó hasta final, quizás esperando que el Conde Drácula, apareciera de pronto impulsando otra carrera en contra del deshilachado Estelí.

El veneno zurdo de Elvin García, no pudo funcionar efectivamente y desde muy temprano, con triple de Álvaro Hanon y hit de Chico Hernández, los tiburones mostraron el antídoto tomando ventaja por 1-0 en el propio inicio del juego. Aún no se vendía el primer vigorón en el alegre y ruidoso parque. El zurdo López neutralizó un intento de contragolpe, cuando después de triple de Moisés Flores en el cierre del segundo, dominó a Ruiz en una jugada angustiosa para el short Marín.

Un doble error de Oviedo en fildeo y tiro, facilitó par de carreras del Granada en el inicio del quinto, y otro error encendió luz verde para dos dentelladas más de los Tiburones en el sexto. Con el marcador 5-0, creímos que Juan Pablo López se sentiría lo suficientemente inyectado para terminar de apretar tuercas, pero el mánager Hubert Silva, temeroso frente a dos señales de vida del Estelí, decidió reemplazarlo por Julio Raudez en el séptimo después de un hit de Moisés Flores con falla defensiva de Hanon en los bosques, finalmente apuntado como jonrón dentro del cuadro.

En el inicio del octavo, el sexto error del Estelí, fue aprovechado para sumar otras tres. Nuevas fallas en el noveno, permitieron agregar tres para llevar a once la producción de los tiburones, ignorando la segunda carrera norteña, consecuencia del triple disparado por Villegas y roletazo de Leytón en el octavo.

Una derrota impactante. Atrás quedaban los deseos de una multitud consciente de la importancia del resultado, tan torcidos como un sacacorchos. Ni modo, no se trata de juntar pedazos de esta derrota, que tuvo como principal culpable el buen trabajo del zurdo Juan Pablo López, sino de salir de esos escombros, como lo hicieron varias veces los Piratas en la Serie Mundial de 1960, para reabastecerse, volver a la carga, y seguir ejerciendo presión sobre los favoritos.

Ahí está el zurdo Mario Peña para retar el pitcheo de Hernández. ¿Quién dijo miedo?

dplay@ibw.com.ni

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