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Este es el hombre que pretendió alcanzar lo sublime siendo mánager, más no le favoreció la suerte. Siempre se sintió girando alrededor de un punto neurálgico, incomprendido, pero tercamente aferrado a sus convicciones, confiando en que quizás algún día, la oportunidad volvería a hacerle señas, por méritos cultivados.

Ayer, Davis Hodgson renació. “Esto me estimula inmensamente. Para alguien como yo, que se dedica ciento por ciento al béisbol, a su comprensión y aprendizaje, ser nombrado mánager de la Selección Nacional de béisbol, es un timbre de orgullo”.

El originario de Bluefields, sigue siendo angosto como una caña de pescar, con mirada aguda, gestos afilados y palabras sazonadas; franco, pero imprevisible; tiene 55 años, posiblemente la edad apropiada para mostrar su evolución en esa difícil tarea tan expuesta a cuestionamientos; nunca ha sentido temor por la responsabilidad, y aunque las circunstancias y nuevas características impiden una visión precisa del porvenir, piensa que finalmente podrá gritar ¡Tierra!, ¡Tierra!, como Rodrigo de Triana.

-¿Te sorprendió el nombramiento o lo esperabas por algunas señales? “Con la anterior directiva de Feniba no tenía la menor posibilidad. De eso estaba claro. Podían reconocerme méritos, pero no me seleccionarían. Otro grupo, abría mejores opciones, pero no sólo para mí. Así que me consideré un candidato más”.

-¿Qué tan alto saltaste? “No lo hice. Valoro el nombramiento y lo agradezco, pero no es ganar un Premio Nobel. Se trata de otro reto y lo he tomado”.

-A esta altura, pienso que vamos a ver el mejor Davis. Es una exigencia natural, ¿no lo crees? “El tiempo pasa y uno estudia, aprende y evoluciona, adquiere suficiente confianza y se siente más capaz. Tengo que ser mejor que antes”.

-¿Qué ha sido lo más difícil, las relaciones con los peloteros, con el periodismo o con los dirigentes? “Siempre me he llevado muy bien con los peloteros hablándoles claro y respetándolos; no he tenido problemas con los cronistas; y los dirigentes conocen mi franqueza para exponer los problemas. Me he caracterizado por ser conciliador y buen compañero. Julio Sánchez, quien me acompaña en la misión, lo sabe muy bien”.

-¿Cuándo hablas de aprendizaje, qué detalles podés fijar? “Asimilar los golpes y las caídas. Ciertamente nada es fácil, pero muchas veces encontrás más dureza de la esperada. Sigo siendo agresivo aunque con más control. Eso ha sido posible con la madurez”.

-¿Cuál es tu mejor recuerdo como mánager en anteriores gestiones? “Ninguno. No tengo buenos recuerdos, pero eso no hace sentirme frustrado. Esta es una excelente oportunidad para hacer algo bueno, y no me refiero estrictamente a los resultados, sino al trabajo que puedo realizar”.

-¿Preferencia por el material costeño? “Fijate que no. Sólo tengo uno y medio, Darrel Campbell que es de allá y Darrel Walter que nació aquí. Conmigo juegan los que más rinden. Respeto al público y también me respeto”.

En medio de la agitación del momento, hay inquietudes que lo golpean. El primer corte es el 30, y no puede contar con los preseleccionados de los equipos finalistas; no tiene ni la menor idea si podrá contar con algunos peloteros que se mueven en el béisbol organizado, porque se necesita conseguir permisos; no ve poder y debe preocuparle la poca profundidad del pitcheo. “Todo es un reto, y eso atrae”, dice.

-¿Vas a poder dormir? “Por supuesto, y feliz”. Sólo le faltó agregar, “como si hubiera renacido”.


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