•  |
  •  |
  • END

Un joven que apenas pasaba los 20 años se encontró un día en el escenario más increíble: vestido con el uniforme a rayas más popular del mundo, ovacionado en el viejo Yankee Stadium al conectar un doble en la Serie Mundial de 1978, algo que tanto se imaginó en un predio baldío de su casa, pero la realidad superó cualquier fantasía.

Bryan Doyle era aquel impetuoso jugador que provenía de una muy humilde familia de Fort Lauderdale, Florida. Pero la pobreza jamás limitó su imaginación y sus deseos de jugar al béisbol al más alto nivel.

El ex segunda base y campo corto de los Yanquis, insiste que no le gusta hablar de él porque ahora su prioridad es trabajar con los niños y jóvenes en el béisbol, tal como lo ha hecho los últimos cuatro años en Nicaragua en el centro de ayuda “El Samaritano” en Nejapa. Al final nos cuenta la historia con ojos vidriosos a punto de salir sus lágrimas, del porqué su motivación de trabajar con los infantes.

“Cuando tenía nueve años me senté en un pasto de maíz por mi casa sobre una base que hice de papel. Y a lo lejos veía los árboles que se movían con el viento y yo pretendía que estaba en el Yankee Stadium, que los árboles eran los fanáticos que me saludaban, entonces corría a tercera y me deslizaba en home para después saltar y meterme en una especie de hueco en la tierra que me imaginaba era el dogout donde soñaba que me recibían Roger Maris y Mike Mantle”, explica Doyle, con una gran emoción en sus palabras como si lo vivió ayer.

En 1978, Bryan estaba en el verdadero Yankee Stadium en la segunda base con lágrimas en sus ojos, emocionado porque los fanáticos que muchas veces se imaginó en su niñez ahora lo ovacionaban de verdad porque acaba de conectar un doble.

“Lo único que pensaba es que Dios me cumplió mi sueño. Y si el mío se pudo hacer realidad, los sueños de estos niños también pueden ocurrir. Porque Dios cumple las cosas que le pedimos con amor, tanto en el béisbol como en la vida”, agrega Doyle.

Bryan tiene una estrecha relación con la Fundación “El Samaritano”, un centro que ayuda a las familias de Nejapa gracias al aporte de iglesias y cristianos de Estados Unidos. En la fundación, dirigida por el Doctor Nour Cirker, hay un centro de salud que atiende más de mil personas al mes, tienen un centro de cirugía ambulante y un pre-escolar con casi 150 niños. También hay otro Ministerio en Santa Rosa, una escuela que atiende a doscientos niños y una última en Chiquilistagua en el que reciben niños discapacitados equinoterapias.

“Me agrada enseñar al béisbol porque enseña también a vivir. Ahora no sólo soy un ex jugador sino un pastor para ayudar a los niños a encontrar en Dios a su gran maestro”,
Con el yanquista viajan 43 personas, todos de la Primera Iglesia Bautista de Fort Lauderdale, que disfrutan la labor que hacen. Doyle, quien se retiró en los Atléticos de Oakland en 1981, habla muy bien sobre el talento que ha visto en Nejapa, algunos de ellos tan talentosos como para firmarlos en unos años.