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Aunque tanto él como su representante, Willy Weber, lo habían negado en principio con sólidos argumentos, Michael Schumacher decidió ayer aceptar la responsabilidad que le ofreció la escudería Ferrari de sustituir a Felipe Massa a partir del Gran Premio de Europa, que se disputará en Valencia el próximo 20 de agosto.

Tras reunirse con Luca di Montezemolo, el presidente de la escudería italiana, y con Stefano Domenicali, el director del equipo, el alemán, de 40 años, se confesó incapaz de no responder a la llamada de los de Maranello “en unos momentos tan difíciles” para ellos por el accidente sufrido por el brasileño el domingo pasado en el Gran Premio de Hungría. Schumacher abandonó la fórmula 1 al finalizar 2006, cuando Fernando Alonso, entonces también en Renault, le arrebató su última posibilidad de ganar el título mundial.

“Como buen competidor que soy, me gusta afrontar este reto”, declara El Kaiser. Además, se ve incapaz de decir que no a los de Maranello “en un momento tan difícil”. “No tenemos ninguna duda sobre él”, afirma Domenicali, el director del equipo italiano.

“Quizá no sea lo más conveniente para él. La presión será enorme”, dice Weber, su agente. “Lo más importante para mí”, dijo un ilusionado Schumacher, “es que las noticias sobre Felipe son todas buenas y esperanzadoras. Le deseo lo mejor”.

El siete veces campeón del mundo es consciente, en cualquier caso, de que el regreso puede traerle más quebraderos de cabeza que satisfacciones. “Es cierto que el capítulo de la fórmula 1 estaba totalmente cerrado para mí desde 2006. Pero también es verdad que mi lealtad hacia Ferrari, que tanto me dio, me impide quedarme ajeno a la difícil situación que está atravesando. Además, como buen competidor que soy, me gusta afrontar este reto”. El germano es asesor del equipo en la actualidad y mantiene su situación de empleado de la firma.

Schumacher ganó sus dos primeros títulos mundiales con Benetton en 1994 y 1995. En 1996 fichó por Ferrari y se llevó con él la parte fundamental de la estructura que le había sostenido en Benetton: Ross Brawn y Rory Byrne. Ahora ninguno de ellos está en Ferrari y el coche no es todavía un ganador. Entre 1996 y 2006, la marca trabajó a destajo sólo para él, manteniendo en un segundo plano a sus compañeros. El también brasileño Rubens Barrichello optó por marcharse y fichar por Honda harto de que le obligaran a favorecer a Schumacher cuando El Kaiser lo necesitaba. Massa se convirtió en 2006 en su nuevo compañero y aceptó sin recelos su condición de escudero. El germano se retiró de las pistas tras ganar 71 carreras con el bólido rojo.

Pero en Ferrari conocen perfectamente la valía de Schumacher y saben que será capaz no sólo de sacar el máximo rendimiento al F60, sino que, además, sabrá cómo mejorarlo. “No tenemos ninguna duda sobre él”, enfatizó Domenicali. Aun así, Schumacher deberá pasar unas pruebas físicas para asegurarse de que los problemas vertebrales a causa de un accidente de moto que sufrió a principios de este año no le han dejado secuelas.