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David Ortiz, considerado un Goliat del béisbol en las recientes temporadas, ayer fue golpeado por una piedra en la frente, al ser señalado como usuario de fármacos para mejorar su rendimiento.

Según los resultados de pruebas de dopaje realizadas en 2003, David Ortiz es uno del más de centenar que dieron positivo, cuyos nombres fueron engavetados en el anonimato, pero que han estado siendo sacados de ese clóset poco a poco, sin dejar de provocar asombro, pese a lo constante de los escándalos.

Ortiz se mostró sorprendido, no lo acepta por completo, pide tiempo, pero dice algo que lo coloca manos arriba: “Quiero hablar sobre la situación y lo haré cuando tenga más respuestas. Mientras tanto quiero hacerles saber cómo trataré el caso. Ya me he puesto en contacto con la Asociación de Jugadores para confirmar que este reporte sea verdadero. Me acaban de decir que sí lo es”. ¡Diablos!, el gigante se tambalea: ¿No es eso una aceptación?
Se suponía que los resultados de esas pruebas de 2003, no saltarían al tapete público, pero agentes federales han logrado meter sus narices exponiendo a ciertos culpables, correspondiéndole el turno a David Ortiz, quien en 2004 se combinó ofensivamente con Manny Ramírez para derretir “la maldición”, empujando a los Medias Rojas a la conquista de su primera Serie Mundial desde 1918.

“Esto es inesperado. Hallaré cuál es la sustancia por la que di positivo. En base a lo que averigue, compartiré esta información con el equipo y el público. Ustedes me conocen. No me ocultaré ni buscaré excusas”, dijo Ortiz.

No deberíamos asombrarnos por cada nuevo caso, pero es inevitable, pese a lo extensa de esa lista. Hoy es David, mañana puede ser cualquiera. Parecen ser pocos los libres de pecado.