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Sangre fría, control y buen toreo, le permitieron a Vicente Padilla conseguir su octava victoria de la temporada por cinco reveses, imponiéndose 5-4 a los Marineros de Seattle, navegando sin perturbarse entre algunas dificultades. Su efectividad mejoró casi imperceptiblemente, de 4.67 a 4.66, el espacio necesario para la pierna de un mosquito.

Cómo me gustaría borrar esa inocente recta de 91 millas al corazón de la zona de strike, que el swing de José López abofeteó con tanta precisión y violencia en el propio primer inning. La pelota voló encima de la pared del left fielder, impulsando dos carreras. Ese fue uno de los dos momentos vacilantes por los que atravesó anoche en Arlington, el pitcheo de seis entradas y 77 lanzamientos, permitiendo tres carreras limpias, realizado por Padilla, regresando a las brasas.

El otro, fue en el sexto, cuando con dos outs y bases limpias, Rusell Branyan, José López –otra vez sobre primer lanzamiento- y el todavía astuto y algo picante Ken Griffey, ligaron hits para fabricar la tercera carrera de los Marineros contra el nicaragüense, antes del ingreso como reemplazo del zurdo Eddie Guardado en el séptimo.

Padilla, que perdía 2-1, contó con el respaldo proporcionado en el cierre del quinto por el jonrón solitario de Taylor Teagarden y el de tres carreras disparado por Marlon Byrd, para que la pizarra girara a su favor 5-2. Agreguen la atrapada espectacular de Hamilton sobre una “cuchillada” de Kenji Johjima en el cuarto, y el oportuno doble play elaborado en el tercero sobre batazo de Franklin Gutiérrez, después del hit abridor de Ichiro Suzuki.

¡Cómo se vio Padilla después de un fuerte problema de salud! Bien, muy bien. No fue una joya monticular, pero no era eso lo que perseguía nuestra ansiedad. Estuvo sereno y controlado, llegó a retirar a diez consecutivos entre el hit de Ichiro en el tercero, y el de Branyan en el sexto, y fue retirado para evitarle desgaste.

Sólo se atrevió a mostrar su poder con un bateador, Ken Griffey en el sexto, retándolo con cinco rectas consecutivas de 92, 93, 94, 93 y 93 millas, la última, bien golpeada, haciéndolo víctima de un hit impulsador de Branyan para la tercera carrera.

Su bola rápida, antes de ese enfrentamiento con Griffey, se estuvo moviendo entre 88 y 90 millas, con algunas aceleraciones de 91 y 92, como en el turno de Franklin Gutiérrez en el primer episodio. Su pitcheo más lento, fue una bola retorcida en cámara lenta, que viajó como paloma cojeante a 55 millas, contra Griffey en el cuarto, más débil que la curva de 58 frente a Branyan en el primero. Mostró bolas de quiebre de 69 y 75 millas, y cambios de 80, 81 y 82. Es decir, supo dosificar su esfuerzo.

El juego, suspendido largo rato por lluvia, se complicó con un hit impulsador de José López en el octavo contra Jason Grilli, pero el cierre de C. J. Wilson, aseguró la victoria del pinolero.