Edgard Tijerino
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¡Hombre David Ortiz, tú también! Bueno, ¿qué nos puede asombrar después de haber escuchado y comprobado tantos casos sobre esto de la incidencia de sustancias para mejorar el rendimiento en el firmamento de los deportes? Estamos seguros que la lista de “pecadores” no se reduce a esa lista de 100 nombres, “engavetada” supuestamente con llave en el 2003. Esa cifra puede ser una pequeñez.

Digo esto porque debe ser mucho más grande la lista de los que nunca fueron atrapados, o de los que sin estar en ella, han sido consumidores constantes, muy hábiles, fuera de diagnósticos. Ayer, se publicó en Europa la confesión del gran ciclista francés Laurent Fignon, admitiendo haber usado cocaína para mejorar su estimulación y ganar la última etapa del Clásico RCN en Colombia en 1984, además de haber sido “comprado” junto con sus compañeros de equipo en 1987, para facilitar el triunfo de Lucho Herrera en la Vuelta a España, lo cual es de una gravedad mayúscula.

¿Habrán tomado algo Cy Young, Walter Johnson, Mickey Mantle y Johnny Bench? Nunca lo sabremos. Pero, en aquellos tiempos en que los dinosaurios estuvieron de moda, se vieron pítcheres que trabajaban más de 400 innings en temporadas de 154 juegos, que registraban más de 50 aperturas y que casi siempre completaban juegos sin llegar a ducharse. Actualmente, ningún fármaco te podría llevar tan largo. ¿Cómo fue posible eso, considerado hoy tan improbable, como descubrir que se le está acabando la carga a las baterías del sol?
Se usan fármacos para casi todo en busca de la superación, incluso en los estudios para conseguir horas extras, o como profesional para estirar el rendimiento en tu trabajo, o como guerrillero que necesita estar alerta casi todo el tiempo con su vida en juego. Ya lo he dicho, pero bien vale la pena repetirlo, un mejor alumno de esa forma, un superior profesional, un revolucionario, no hace algo ilegal y por lo tanto no es tramposo, pero si es un atleta que utiliza sustancias prohibidas para ser más competitivo y tumbar marcas, disponer de esas ventajas, es un delito.

Ortiz llegó a Boston en el 2003, como un bateador que venía de establecer una cifra personal de 20 jonrones en 125 juegos, y saltó bruscamente a 31, 41, 47 y 54 en temporadas consecutivas, convirtiéndose en un furioso “mata-pítcheres”, mientras Boston se agigantaba. ¿Cómo es posible que no sabíamos lo que teníamos y lo dejamos salir?, se preguntaba el Gerente de los Gemelos
Terry Ryan.

El mayor problema de Ortiz, es el de doble moral, porque cuestionó severamente a quienes estaban saliendo involucrados, a sabiendas que no podía “tirar piedras”, como muchos de los políticos que vemos por aquí. Ahora resulta que los Medias Rojas quebraron “la maldición” con ayuda de aditivos que mejoraron tanto a Manny Ramírez como David Ortiz, sus dos grandes cañones. Y me pregunto: ¿hay suficientes asteriscos para colocarlos a la orilla de tantas ejecutorias alteradas?
No lo creo.


dplay@ibw.com.ni