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A pesar de su juventud, Cairo Murillo se ha ganado el respeto de los técnicos por cada uno de los equipos que ha trabajado, incluyendo su nuevo mánager, Davis Hodgson, quien con su característica sinceridad nada complaciente asegura que será el mejor coach de pitcheo cuando el nandaimeño lo decida.

“Él todavía no ha superado esa etapa de olvidarse por completo de lanzar y dedicarse a ser entrenador, cuando decida a no pensar más en eso, va a ser el mejor entrenador de este país”, comenta Hodgson sin la mínima intención de quedar bien.


En los entrenamientos de la Preselección siempre se le ve concentrado con el grupo de lanzadores, muchos de ellos de su edad o incluso mayores, pero jamás ponen en duda su liderazgo y capacidad de trabajo.

“Sabe muy bien su trabajo, por eso nos sentimos cómodos con él y seguimos al pie de la letra sus indicaciones sabiendo que será lo mejor para nosotros”, explica Armando Hernández, considerado el pítcher número uno del staff de la preselección.


Cairo es de esos entrenadores autodidactas, muchos de sus conocimientos los aplica en base al plan de entrenamiento que practican los nicas en las ligas menores.


“Tengo muy buena relación con los nicas que juegan en las menores, sobre todo los pítcheres, entonces los folletos que les entregan para su trabajo los consultó, los repasó y los aplicó acá. No con las mismas exigencias porque las condiciones en que se entrena allá nunca van a ser igual, pero me ha servido de mucho para mejorar, además siempre escucho lo que me tengan que decir otros entrenadores”, comenta Murillo.


En el recién finalizado Campeonato de Primera División, Murillo retornó a la loma con el Granada, pero antes de su primer envío se percató de que no fue la mejor decisión.


“Cometí un error al regresar porque no me puse a pensar en las consecuencias de mi decisión. Sentí que perdí un poco de autoridad con los muchachos de 16 y 17 años que tenía en Granada. Ya no me decían profe como siempre, sino me llamaban por mi nombre, y eso ya no sonaba igual, ahí sentí cuánto perdí”, recuerda Cairo.


“Y cuando me ponía a entrenar con ellos para estar al 100 porque sólo de esa forma podés estar entre los mejores, y no lo hacía bien, ya me reclamaban porque no podía hacer lo que en su momento exigía”, agrega el pítcher que tiró no hit no run en los Panamericanos del 2003 en República Dominicana ante Guatemala.


Murillo ahora está consciente que su trabajo en la Preselección lo tiene porque confían en su capacidad como entrenador, y por primera vez estará con un equipo nacional en un mundial, pero en su nueva función.

“Ahora es muy distinto comparado a cuando era pítcher. Estoy al frente de un grupo de jugadores que tienen la responsabilidad de lucir bien en la lomita y si no lo hacen recaerá sobre mí esa carga, sin embargo, creo en el grupo que tenemos en la selección, están los mejores pítcheres de Nicaragua y no pienso defraudarlos ni a ellos, ni a la afición ni a ustedes”, concluyó Cairo.