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La próxima temporada de la NBA constituirá una oportunidad para que varias figuras recuperen el tiempo perdido. Para Shaquille O’Neal será la ocasión de reverdecer laureles junto a LeBron James en los Cavaliers, para Ron Artest será tiempo de redención junto a Kobe Bryant y Pau Gasol en Los Lakers, y para Vince Carter llegará un tren al que pocas veces se subió, el que da ocasión de luchar por el anillo, junto a Dwight Howard en los Magic de Orlando.

Para empezar, Carter saca los dientes. “Este año Kobe y los Lakers no lo tendrán tan fácil, he venido a Orlando a ganar el anillo”. Los Magic han sufrido la sensible baja de Turkoglu, traspasado a los Raptors de José Manuel Calderón, pero mantienen un buen quinteto titular con Nelson, Pietrus, Lewis, Howard y el propio Carter, aunque por su traspaso el equipo de Florida tuviera que perder a Alston, Battie y Lee. “Es la primera vez en mi carrera que estoy en un equipo con posibilidades reales de ganar un anillo y voy a darlo todo para conseguirlo”, dice Carter.

Una constatación obvia porque ha desfilado por equipos como los Raptors desde 1998 hasta 2005 y, desde entonces, en los Nets de New Jersey. Cinco veces ha estado en los play offs pero nunca realmente ha tenido opciones claras para ganar el anillo. Y mucho menos para responder a las expectativas de una carrera que inició con la etiqueta de posible heredero de Michael Jordan.

Salido de la Universidad de North Carolina, como Jordan, ocupa el mismo puesto, escolta, y mide lo mismo que el número uno de todos los tiempos, 1.98 metros. Por si ello no bastara dejó a todo quien lo viera con la boca abierta en el Concurso de Mates de 2000. Desde entonces se convirtió en una estrella mediática. Empezó a ser criticado por su arrogancia y su vida privada no ayudó en absoluto a mejorar su imagen.