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Muy pocas veces un equipo ha conseguido fortalecerse tanto en el mundo futbolístico pinolero como lo está haciendo Diriangén FC. Y es que el histórico club quiere volver a ganar una final, algo que no logra desde 2006.

Este equipo figura entre los favoritos para llegar largo, porque se crece bajo presión y recurre a la inspiración de sus integrantes, además que desarrolla en todo el campo un juego digno y armonioso en todas sus líneas.

Pero, ¿se puede creer en ellos?. Esa pregunta flota entre los aficionados diriambinos, y con todo el potencial que presenta, el temor existe... Es natural, Diriangén estuvo vacilante en muchos de sus compromisos la temporada anterior.

El técnico Mauricio Cruz, pese a la pérdida de Kesler Rizo y Piero Sandoval, dispone de una cantidad de jugadores que muchos consideran entre los mejores del país. Citar sus nombres infunde respeto en los rivales.

En su plantilla están Norfran Lazo, un joven de mucha capacidad ofensiva y de potente remate al arco contrario. Con él hay un grupo de orfebres: David Solórzano, Erick Téllez, Remy Vanegas, Hugo Silva,... sin olvidar al infatigable Herberth Cabrera.

El técnico tiene un equipo bien equilibrado y hará que brille en todos los campos. La filosofía principal es muy sencilla: atacar. Este club es una verdadera máquina de guerra concebida para marcar goles. Presentará un juego completo, a menudo inspirado con destello de talento, que hará soñar a sus seguidores.

La portería ha sido reforzada con el canadiense Joshau Lemus, con experiencia y seguridad bajo los tres palos, y sobre todo, buenos reflejos. La defensa de este equipo luce rejuvenecida y más dinámica con la incorporación de Julio Quintanilla, la completan Hoogly Corrales y los jóvenes talentosos Manuel Gutiérrez y Juan Carlos Narváez. Los delanteros son Cabrera y Hugo Silva.