Edgard Tijerino
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¡Peloteros pinoleros, uníos para poder reclamar mejores salarios!, gritaría alguien desde las tribunas. No es tan así cuando se está tratando de organizar una liga de béisbol, supuestamente profesional, en un país como el nuestro, atrapado por una crisis agobiante, más dependiente que cualquier otro de ayuda, con un índice de desempleo alarmante y la canasta básica por las nubes.

Extraoficialmente se ha fijado como tope salarial la cantidad de 10 mil córdobas, que equivalen a 500 dólares, cifra que contrasta con lo que recibían peloteros del mejor nivel competitivo durante los últimos años de la Profesional, que finalmente “tiró la toalla” en 2008.

Cierto, ya quisiera un profesor, un trabajador de la salud y tantos otros, cobrar 10 mil córdobas mensuales, y es obvio que se debe hacer una revisión en diferentes sectores, pero en lo referente a los peloteros, que obviamente son “el ombligo” del espectáculo que se piensa montar, con un compromiso salarial que sólo se extiende por tres meses, la oferta debe ser sometida a estudio.

Un catedrático de Harvard, un Jefe de proyectos de la NASA, un ganador de Premio Nobel, no recibe tanto como un estrella del deporte, y aquí en pequeño, la relación debería de mantenerse, no necesariamente en la misma medida que lo vemos en el fútbol tico, hondureño o guatemalteco, que han contratado entrenadores con salarios anuales superiores al medio millón de dólares, como Maturana, Milutinovic y Bilardo.

Naturalmente, con un tope salarial de 10 mil córdobas, los peloteros extranjeros que pueden conseguirse serán muy discretos, y los mejores nuestros, que no son muchos, carecerán de motivación después de haber sido bien pagados en otros momentos.

Hay un buen esfuerzo del gobierno y de una iniciativa privada tan golpeada como otros sectores, pero la limitación salarial, aprovechando que es preferible cobrar algo que no recibir nada si no hay liga, es muy drástica.

¡Qué bueno es saber que el día martes este tema va a ser colocado sobre el tapete de las discusiones! Y digo qué bueno, porque seguramente se estudiará la posibilidad de aplicar variantes, aún sabiendo que los peloteros se encuentran acorralados y manos arriba.

Claro, también los peloteros, si se unen --rara palabra en este sufrido país--, conseguirían fuerza para negociar, pero corriendo el riesgo de ver cancelarse el proyecto y quedarse con los brazos cruzados y los bolsillos vacíos.

Organizar una profesional en un país en crisis es una aventura, y de eso están claros quienes se están atreviendo a su reactivación después del paréntesis impuesto el año pasado, con los peloteros en la encrucijada, sin opción ni para negociar por las características del proyecto.

Todos ellos estarán cruzando los dedos en espera de lo que se decida el martes.


dplay@ibw.com.ni