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Everth Cabrera estaba en un partido de esos que difícilmente podría olvidar, por el mal rato que le hizo pasar el zurdo de los Mets, Oliver Pérez. Se tragó tres ponches en sus primeros tres turnos a punta de envíos de rompimiento que jamás encontró.

Y después de un toque de sacrificio en el octavo, era difícil esperar que apareciera en el noveno, de tal manera que no había otra cosa que decir: lo habían frenado en siete juegos consecutivos bateando de hit.

Pero sin duda Everth sigue demostrando que es capaz de cualquier reacción sin importar lo imposible que sea, ni el rival que tenga en frente.

Los Padres empataron en el noveno, y Cabrera tomó turno con las bases llenas porque le dieron la base por bola intencional al emergente Oscar Salazar para medirse al leadoff, al bateador más anulado de San Diego en toda la noche.

Con la experiencia de Francisco Rodríguez, a pesar que estaba descontrolado, Cabrera estuvo en cuenta de dos strikes y una bola sin out. Pero después de un envío que parecía en la zona y no lo cantó el árbitro, el nica llegó a la cuenta máxima.

Rodríguez quiso descolgarlo con un envío bajito hacia fuera para bateador zurdo, pero Everth muy hábil siguió la trayectoria y con un swing feroz, levantó la pelota y la mandó apenas a las primeras graderías del jardín derecho para acreditarse su primer grand slam de su carrera y dejar tendido a los Mets 6x2.

Los aficionados que lo habían visto precipitarse en los primeros tres turnos ante Oliver Pérez lo recibieron con júbilo después que corriera las bases con la euforia de un pelotero grande, grande de coraje, un guerrero que nunca baja la guardia.

Cabrera alargó su racha de juegos disparando de hit a ocho, con su segundo jonrón de la temporada, bateó de 4-1 con cuatro remolques y quedó bateando para .268 por 48 inatrapables en 179 turnos al bate. Llegó a 19 remolques, sufrió sus ponches 33,34 y 35 y cometió el octavo error de la temporada.