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Dice el cronista Todd Kauffman en el portal de los Padres, que cuando soltaron a Khalil Greene, etiquetado como el próximo Ozzie Smith, los aficionados de San Diego golpearon con sus cabezas las paredes del Estadio. Primero no lo podían creer, y luego no lo admitían.

¿Quién era Luis Rodríguez, o ese chavalo de 22 años llamado Everth Cabrera, obtenido a través de la Regla 5, quien nunca había estado jugando en un nivel de exigencia por encima del “A”?. ¡Diablos!, ¿qué estaban haciendo los Padres?
Rápidamente, Cabrera, el joven nandaimeño, con su béisbol volátil, se fue metiendo en el corazón de la multitud desplegando un esfuerzo extraordinario, mostrando una voluntad inquebrantable, ofreciendo con su juego versátil y efectivo una alegría contagiante, adaptándose con tanta rapidez como la que exhibe en los senderos, y sobre todo, convirtiéndose en factor motivador para un equipo sin posibilidades.

Saliendo desde un rincón, emergiendo bruscamente, Cabrera se ha convertido en “el alma” de los Padres, evitando ser oscurecido por el punch de Adrián González, “motor” ofensivo del equipo. Ahí está la pimienta de Cabrera y el poder de González. ¿Qué más tienen los Padres después de haber soltado a Jake Peavy, su “as de espadas” monticular, todavía en etapa de restablecimiento.

“Ahora, ¿quién se acuerda de Khalil Greene?”, se pregunta Kauffman, quien asegura estar concentrado en no perder de vista a Cabrera mientras crece en estas temporadas venideras. “No sabemos hasta dónde pueda extender su progreso”, advierte genuinamente impresionado.

Con sólo 23 años, bateando para 263 puntos con 2 jonrones, 6 triples, 10 dobles y 15 robos, Cabrera está tratando de abrazar el mundo, apoyándose en una confianza sin fronteras. Ha pisando el acelerador en su llamativa evolución como short stop, y ha obligado a hacer cálculos sobre sus proyecciones como robador de bases.

Nosotros aquí todavía estamos asombrados por lo que está mostrando Cabrera. Es como haber tenido una joya de Tiffanys en casa sin darnos cuenta, y de pronto, percatarnos de su inmenso valor. Cabrera se junta con Ricardo Mayorga, como las dos más grandes sorpresas producidas por el deporte pinolero en el repaso de todos los tiempos. Nunca sospechamos algo, ni del uno, ni del otro.

Tan útil, que el manager Bud Black lo ha estado moviendo en el line-up en las posiciones 8, 1 y 2, consiguiendo buenos resultados, mientras lo veía batear de hit en 15 de 16 juegos con una racha de 9, decidiendo juego con jonrón de última hora con las bases llenas.

“Con Cabrera, la emoción está garantizada”, escribe Kauffman, y el muchacho lo ha demostrado a lo largo de 53 juegos en la presente temporada, manteniéndose en permanente ebullición, lo que atrapa al público y lo obliga a volcar su cariño sobre quien persigue la superación con tanta desesperación.

Hoy, a las 6:05 de la tarde, Everth estará en acción contra el veterano derecho de 35 años Braden Looper, en Milwaukee.


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